Cramling, el Mundial y la doble identidad: primero Suecia, luego Noruega, España la tercera
Anna Cramling, ajedrecista y estrella del streaming, ha encendido el debate con una confesión en vídeo: en el Mundial apoyaba antes a Suecia que a España, e incluso a Noruega antes que a España, porque su novio es noruego. La declaración, realizada en su canal de YouTube, ha destapado la incomodidad que generan las lealtades múltiples cuando hay sangre, suelo y audiencia de por medio.
Nacida en Málaga y residente en Suecia desde los 11 años, Cramling ha representado a Suecia en ajedrez y se siente más sueca que española. El problema, para una parte creciente de la audiencia, es que sus vídeos se hacen en español. “El sueco no da mercado de visitas ni pelas”, se argumenta, y de ahí el conflicto: ¿puede uno sentirse sueco, monetizar la audiencia hispana y esperar que nadie proteste?
Híbridos y rentabilidad de la bandera
El caso de Cramling se ha convertido en paradigma de algo que va más allá del fútbol. Hay quien sostiene que los “híbridos” –personas con dos nacionalidades– tienden a elegir el lado que les da mayor interés simbólico, y en el terreno económico, el hispanohablante agarra más. La crítica no es solo hacia ella: se menciona el patrón de otros personajes públicos que usan España cuando conviene y la ningunean cuando toca.
En contra, otro análisis recuerda que la identidad no se mide por banderas. Si vivió en Suecia desde niña y ha competido por ese país, lo extraño sería declararse español. Que haga contenido en español no cambia su vínculo emocional; es, simplemente, una decisión de negocio.
Sangre, suelo y sentimiento
El debate ha terminado en los fundamentos jurídicos: ius sanguinis frente a ius soli. Aplicado a este caso, unos defienden que nacer en Málaga y tener padre español la hace tan española como cualquiera; otros, que el sentimiento de pertenencia y la trayectoria pesan más. La discusión roza lo existencial: qué define la nacionalidad, un papel o una forma de sentir.
Y luego está la herencia. Su madre, Pia Cramling, ha sido durante cuatro décadas top 10 mundial femenino; su padre, Juan María Bellón, varias veces campeón de España. Con esos mimbres, Anna no ha pasado de youtuber. Tal vez por eso resulte tan incómodo ver a una gran marca ajedrecística pedir la camiseta de España solo para contentar a suscriptores. O no pedirla, que es lo que ha encendido la mecha.
El caso deja en el aire una pregunta: la lealtad de los que tienen dos patrias siempre hará aguas en los mundiales.