Ceuta, Schengen y la carta a Úrsula: ¿soledad europea o coladero consentido?
Pedro Sánchez ha vuelto a salir de un aprieto europeo sin mover un dedo. La carta dirigida a Ursula von der Leyen tras el último episodio en Ceuta ha destapado lo que muchos análisis ven como una doble moral de los socios comunitarios, aunque otros sostienen que España lleva años legislando para que esa soledad sea merecida.
Italia, Finlandia y Dinamarca han sido señaladas por su tibieza a la hora de condenar el incidente. Mientras Roma acumula más llegadas irregulares según Frontex, sus dirigentes exigen explicaciones a Madrid. Entre 2021 y 2026, Italia registró 478.600 entradas irregulares, más del doble que las 234.760 contabilizadas en España. Esa cifra desmonta el relato del coladero único, pero no borra la percepción de que la política migratoria española es, como mínimo, peculiar.
La doble moral de los socios y el factor institucional
Hay una corriente que sostiene que la respuesta europea es política, no técnica. La regularización de 1,5 millones de inmigrantes y la concesión de nacionalidad a entre 3 y 5 millones de descendientes de españoles —la ley de nietos— no son decisiones que pasen desapercibidas en Bruselas. Combinadas con las reagrupaciones familiares, las previsiones hablan de un incremento censal de hasta 10 millones en el próximo lustro. Ese es el escenario que asusta a los socios, y no precisamente por solidaridad.
En contra, se argumenta que España ha construido un sistema de fronteras porosas de forma deliberada: entrada de falsos turistas, regularizaciones exprés y una visión amistosa de Marruecos que deja sin margen de maniobra ante crisis como la de Ceuta. Si el Gobierno no condena lo que ocurre, difícilmente puede exigir condenas ajenas.
El factor estadounidense y la anécdota de Groenlandia
La polémica también ha cruzado el Atlántico. El congresista republicano Mario Díaz-Balart ha presentado un texto que describe Ceuta y Melilla como territorios marroquíes bajo disputa administrados por España. El detalle es que es primo de Fidel Castro Díaz-Balart, hijo del dictador cubano. Podría leerse como una vendetta familiar, pero lo cierto es que la resolución da alas a Marruecos y aire a la narrativa de que a España la arrinconan en todas partes.
La anécdota con acento agrio la pone Donald Trump, que según las crónicas se había olvidado de Groenlandia hasta que el asunto de Ceuta ocupó los titulares. De fondo, las bases de Rota y Morón siguen siendo un objetivo demasiado goloso para la política estadounidense.
El futuro del espacio Schengen
Las amenazas de expulsión son más ruido que nuez: ningún tratado contempla una expulsión permanente de un país fundador. Pero el desgaste es real. Óscar Puente ha agitado las redes con un mensaje sobre la “nación más fuerte del mundo” que siempre intenta autodestruirse sin conseguirlo. La ironía es que esa autodestrucción, en materia de fronteras, la está financiando el propio Gobierno.
La previsión es que Sánchez aguante el pulso, como ha hecho siempre. Pero la factura se paga en la confianza de los socios y en la demografía que viene. Que nadie espere un giro: la política migratoria es la última pieza que este Ejecutivo está dispuesto a tocar, y la oposición sigue demasiado ocupada en sus batallas internas como para aprovechar la brecha.