La construcción se queda sin manos: el empresario culpa a los 'blanditos'
Un empresario de piscinas con 240.000 seguidores en Instagram publica un anuncio para contratar peones y no se presenta nadie. Su diagnóstico: el país está lleno de blanditos. La realidad, según los datos que manejan los analistas del mercado laboral, es más incómoda: los salarios ofrecidos no compensan el desgaste físico, y el coste de la vivienda ha convertido cualquier empleo precario en una trampa.
El salario que no compensa el desgaste
Los datos son tozudos. Un peón de obra puede cobrar entre 1.200 y 1.300 euros por jornadas de 8 a 10 horas cargando sacos a 40 grados, sin aire acondicionado. En un almacén, un supermercado o como rider, con menos caricia, se saca lo mismo. La ley de oferta y demanda no perdona: si el precio no compensa, no hay comprador.
Además, el contrato suele ser precario. Mucha obra pequeña va por semanas, si llueve no se trabaja y no se cobra, en agosto paro total, y mucho pago en zain o media jornada en papeles. A los 45 años, el cuerpo está roto: rodillas, espalda, hombros. ¿Quién se apunta a eso por 1.300 euros?
- El sueldo real no compensa el desgaste: 1.200-1.300€ por 8-10 horas a 40ºC.
- Trabajo a la intemperie: sol, frío, lluvia y barro.
- Contrato precario: semanas, lluvia, agosto, pagos en zain.
- Cuerpo roto a los 45: rodillas, espalda, hombros.
Cuando el peón compraba un Cayenne
La comparación con la burbuja inmobiliaria es inevitable. En los años 2000, un albañil a destajo podía ganar más de 3.000 euros al mes. Se veían furgonetas cargadas de trabajadores y hasta algún Porsche Cayenne entre las cuadrillas. Aquello era la excepción, pero la regla era que el esfuerzo físico tenía una recompensa.
Hoy, con el SMI en 1.184 euros, la diferencia es abismal. Y no solo eso: el poder adquisitivo se ha hundido. Un sueldo de 1.400 euros netos no permite entrar en un estudio en Valencia, donde el banco exige dos nóminas fijas y que la cuota no supere el 35% de los ingresos. Resultado: con 1.400 euros, el banco te da 500 euros de cuota máxima, y no hay piso de 500 euros.
La productividad estancada y el papel del Estado
Hay quien señala al Estado como competidor desleal. El Ingreso Mínimo Vital y otras ayudas permiten sobrevivir sin trabajar, y muchos lo combinan con chapuzas en zain. Pero el problema de fondo es otro: la productividad española lleva 15 años estancada. Si subes el SMI pero la empresa sigue vendiendo lo mismo, el aumento se traslada a los precios, y ahí tienes la inflación.
Mientras tanto, el coste de vida se dispara. Con alquileres de 1.000 euros y sueldos de 1.300, la ecuación no sale. En los años 60-70, un peón con un solo sueldo se casaba, pedía hipoteca y en 10 años tenía piso pagado y tres descendientes. Hoy, con un sueldo no entras ni en un estudio. La pregunta es: ¿para qué vas a trabajar si no puedes vivir?
La paradoja del gimnasio
Curiosamente, los mismos jóvenes que rechazan la obra llenan los gimnasios. En España hay 5,5 millones de abonados al gimnasio en 2024, un 40% más que en 2019, y el 70% son hombres de 25 a 45 años. No es solo por salud: es lo único que sienten que pueden controlar. Si no puedes controlar tu vida, decides controlar tu cuerpo. Pero el chaval que va cinco días a entrenar sigue sin poder pagarse una entrada.
Mientras tanto, el empresario sigue buscando peones. La pregunta es si el problema es la falta de vocación o la falta de incentivos. La respuesta, probablemente, no le gustará a nadie.