La justicia belga abre la puerta a la libertad del cerebro logístico de Bataclan
La concesión de permisos penitenciarios a Mohamed Bakkali, responsable logístico de la masacre de 2015 en París, marca un punto de inflexión en la percepción de la
seguridad jurídica europea. El tribunal belga justifica la medida alegando una supuesta voluntad de reinserción y contacto con las víctimas, un argumento que choca frontalmente con la magnitud de los 132 fallecidos y 400 heridos que dejó el atentado.
El choque entre la reinserción y la realidad penal
La estrategia judicial belga, que permite el acceso a permisos y una futura condicional, es vista por diversos analistas como una claudicación del sistema frente a la gravedad de los hechos. Mientras que en
Francia se contempla la perpetuidad incondicional para este tipo de crímenes, la legislación belga —donde cumple condena por su nacionalidad y la ubicación de la base logística en Bruselas— ofrece un marco mucho más laxo. La paradoja es evidente: un sistema diseñado bajo la premisa de la rehabilitación social es aplicado a un perfil que, según el consenso crítico, no presenta garantías de arrepentimiento real, sino una posible instrumentalización de la
justicia mediante la taqiya.
La erosión de la soberanía judicial
El malestar no solo reside en la decisión administrativa, sino en lo que esta revela sobre la estructura política de la Unión Europea. Existe una corriente de análisis que señala la desconexión total entre las élites judiciales y la percepción de justicia de la ciudadanía. La falta de movilización social ante este tipo de resoluciones, incluso en sectores que habitualmente defienden los derechos de las víctimas, es interpretada como un síntoma de una civilización que ha renunciado a la aplicación de penas proporcionales al daño causado. La pregunta que queda en el aire es si el sistema judicial ha dejado de ser un garante de seguridad para convertirse en un mero gestor de la impunidad.
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