La recaudación bate récords, pero el agujero fiscal sigue abierto
El secretario de Estado de Hacienda, Jesús Gascón, confirmó que los ingresos tributarios crecieron un 15% en 2022, superando en 10.000 millones la previsión de 244.000 millones de los Presupuestos. Cifra de vértigo. Pero al ciudadano de a pie el anuncio le suena más a factura que a fiesta. Porque ese récord no nace de una economía boyante, sino de dos fenómenos menos festivos: la inflación y la decisión deliberada de no deflactar el IRPF.
El espejismo inflacionario de los ingresos fiscales
El incremento nominal del 15% se desvanece cuando se descuenta la inflación. El IPC oficial rozó el 8,5% en 2022, pero la cesta de la compra, la energía y los carburantes subieron muy por encima. Como apuntan varios análisis, Hacienda recauda más porque todo cuesta más, no porque haya más actividad real. El efecto es conocido: la inflación empuja a los contribuyentes a tramos superiores del IRPF sin que su poder adquisitivo haya mejorado. Es el llamado "progresión en frío", un impuesto silencioso que el Ministerio de Hacienda, con María Jesús Montero al frente, se negó a corregir. El Banco de España, en un informe publicado por el organismo que dirige Pablo Hernández de Cos, cifró en 6.400 millones el sobrecoste solo por no adaptar la tarifa del IRPF.
https://www.elmundo.es/economia/...IRPF: el trabajador paga el pato
Si algo deja claro el desglose es quién soporta la carga. Mientras la recaudación por Sociedades sigue por debajo de los niveles precovid pese al aumento de los beneficios empresariales, el IRPF se dispara. Es decir, el esfuerzo recae sobre las rentas del trabajo, no sobre el capital. Los autónomos y asalariados son los que engordan las arcas públicas, mientras que las grandes tecnológicas y los patrimonios encuentran resquicios. Hacienda recauda de las empresas del Ibex el triple de lo que perciben sus accionistas, según datos compartidos. Y mientras, los asesores fiscales denuncian que la Agencia Tributaria está cobrando impuestos sobre "rentas ficticias", es decir, ingresos que no se han materializado realmente.
Más ingresos, más deuda: la paradoja española
Con un récord de recaudación, lo lógico sería que el déficit se redujera. Pero no. La deuda pública sigue creciendo a un ritmo mayor que durante los años de Rajoy, a pesar de los fondos europeos. El gasto público se dispara en partidas que los críticos tildan de "estériles": subvenciones a empresas deficitarias, rescates a aerolíneas, y un sinfín de pagos que no generan retorno. El resultado es que, pese a ingresar más que nunca, el Estado necesita seguir endeudándose. Y si los tipos de interés suben al 5%, como ya se atisba, el servicio de la deuda se comería casi toda la recaudación del IRPF. Una bomba de relojería.
El control fiscal se estrecha
Paralelamente, Hacienda aprieta las tuercas a los ciudadanos de a pie. Nuevas exigencias: declarar transferencias entre padres e hijos que superen los 3.000 euros, investigar las de más de 6.000, y vigilar las ventas en plataformas como Wallapop. Mientras, las grandes fortunas y los evasores habituales parecen escurrirse. El mensaje es claro: se busca recaudar en lo pequeño, en lo cotidiano. Incluso las bodas y los regalos de boda entran en el radar fiscal, con el consiguiente malestar social.
¿Dónde está la protesta?
En Kenia, las protestas contra la subida de impuestos dejaron 16 muertos. En España, ni una manifestación masiva. El hartazgo existe, pero se canaliza en redes y foros, no en la calle. Mientras, el Gobierno presume de recaudación récord y los ciudadanos siguen pagando más por menos servicios. La pregunta sobre la mesa: ¿hasta cuándo va a durar esta calma tensa?