Persecución al Toyota Corolla: real o generada por IA
Un Toyota Corolla huye a toda velocidad con la policía pegada al parachoques. El conductor va fumando un cigarro, con las dos manos libres, y no lo alcanzan. Detrás aparece un Ford 4x4 que se queda atrás campo a través y un SUV con defensas de tubos de acero que cambia de táctica cuando descubre a un menor en el asiento trasero. La pregunta que recorre el debate no es quién conduce, sino si todo esto ha ocurrido alguna vez o es un vídeo generado por IA.
Las pruebas que apuntan a la IA
Para quienes defienden que es un vídeo generado, el detalle más repetido está en el segundo 0:36-37: un coche de policía aparece de la nada por la izquierda del vehículo que graba y, en cámara lenta, se materializa sin transición. A eso suman que el cristal de la ventanilla revienta hacia fuera y se vuelve blanco, que los cristales de todos los vehículos son opacos —incluidos los que vienen de frente por el carril contrario, un atajo que la generación de imagen usa para ahorrar cómputo— y que los cortes de vídeo se suceden justo cuando entran humanos en plano, para no dar tiempo a ver los fallos gráficos. Al sacar al conductor por la ventanilla, añaden, los pies se mueven como si no pesaran.
No todo el mundo lo ve así. Hay quien sostiene que ningún detalle canta lo suficiente, que la iluminación y los reflejos del entorno son coherentes y que si Toyota pagara a un especialista conseguiría algo parecido para un anuncio, pero no a nivel de usuario.
Toyota, duro como el diamante
Debajo del debate técnico corre otro más antiguo: la fama de indestructible de la marca. Se recuerda aquí a quien tuvo un Corolla 1.6, lo vendió hacia 2015 y todavía se arrepiente, y a quien se compró uno en 2024 con la intención de no soltarlo en años. Hay quien recuerda el Hilux de Top Gear, al que le pegaron un cañonazo y seguía funcionando. Hay incluso quien apunta que, si el plan es huir de la ley fumando, el modelo lógico no sería un Corolla sino un Yaris GR Sport, el coche de diario que usa el consejero delegado de Koenigsegg.
Y si es real, ¿por qué nadie se lo cree?
La otra línea de duda no ataca la imagen, ataca la lógica. Cinco o seis coches patrulla destrozados para detener a un fumador de tres al cuarto no cuadra: ¿qué comisaría justifica semejante destrozo? El argumento se apoya en que este tipo de persecuciones yankis llevan décadas emitiéndose, con embestidas incluidas, y en que, según otro participante, los daños acaban pagándolos otros. De fondo, la sospecha de que el formato ya está aquí: lo que allí se ve como rutina policial, aquí se vería pronto.
La respuesta sobre quién va al volante de la bestia nipona, dice quien difundió el vídeo, está en el minuto 2:44.