La polémica apuesta por parejas octogenarias: ¿economía o provocación?
El argumento suena a boutade: preferir mujeres de 80 años a las de 25. Pero detrás de la provocación se esconden cálculos fríos sobre herencias, pensiones y el coste de la crianza. La tesis, defendida por algunos, sostiene que una viuda octogenaria suele tener un patrimonio acumulado que cuadruplica el de una joven sin ahorros, y su pensión de jubilación ofrece una estabilidad que el mercado laboral femenino joven no garantiza.
Los números de la disparidad generacional
Según los datos manejados, una mujer de 25 años afronta una precariedad laboral que reduce su aportación neta al hogar. Por el contrario, una octogenaria recibe una pensión media de 1.200 euros mensuales, más el alquiler de una vivienda en propiedad heredada. A ello se suma la ausencia de gastos de crianza: criar un hijo en España cuesta más de 150.000 euros hasta los 18 años. El ahorro total supera los 200.000 euros durante una década.
Sin embargo, la evidencia empírica contradice el supuesto interés material. El patrimonio medio de Dolph Lundgren, citado en el debate, ronda los 15-18 millones de dólares, y su pareja es 25 años menor. El profesor Gad Saad, mencionado como referencia, suele defender la selección sexual evolutiva que empuja a los hombres hacia mujeres jóvenes fértiles.
Provocación o diagnóstico de una crisis?
La propuesta puede leerse como una crítica a la desvalorización de la mujer mayor en el mercado de parejas. Si los incentivos económicos fueran los únicos, los hombres con recursos deberían elegir viudas ricas. No lo hacen. La brecha entre el discurso racional y la práctica revela que el deseo no responde a la lógica contable. Y mientras ningún magnate aplica la receta, la discusión subraya la asimetría patrimonial entre generaciones.
¿Provocación o propuesta para una crisis demográfica? Lo cierto es que los datos no respaldan su viabilidad.