El perrito vegano de Ikea a 0,60 euros: barato, sí, pero ¿de qué está hecho?
Un perrito caliente vegano por 0,60 euros. Menos que un café de máquina, menos que una barra de pan. Ikea repite con su versión sin carne el mismo precio que ya cobraba por sus salchichas clásicas, y el dato, más que la receta, es lo que descoloca: ¿cómo se sostiene esa cifra en un lineal donde cualquier sucedáneo vegetal del supermercado la triplica?
Por qué Ikea puede vender un perrito vegano a 0,60 euros
La respuesta corta es que nunca fue un producto pensado para ganar dinero. Los perritos de Ikea llevan años a ese precio y son
parte del modelo de negocio: el reclamo que retiene al cliente dentro de la tienda después de recorrer el laberinto de muebles planos. Un perrito barato no compite con una hamburguesería. Compite con irse a casa. Y en esa pelea, el margen da igual.
¿De qué está hecho el perrito vegano de Ikea?
Esa es la pregunta que sigue abierta en cuanto se mira la etiqueta de cerca. Se apunta a la
soja como base, y la sospecha de aditivos, edulcorantes y aromas recorre cualquier conversación sobre comida vegetal procesada. El argumento que más se repite es de manual: si el producto
ya era 0% carne antes, el cambio de receta es menos revolucionario de lo que sugiere el cartel.
Y luego está el precedente incómodo. Hubo una época en la que, según se recuerda, esos mismos perritos se elaboraban con
carne de caballo. No es leyenda urbana de barra de bar: forma parte de la historia del producto.
Sesenta céntimos por un perrito, vegano o no. La duda razonable nunca fue el precio, que siempre cuadró, sino qué se está comiendo exactamente. Y esa, de momento, sigue sin respuesta oficial.