Cuando los sueños parecen un videojuego
Un internauta relataba esta semana una experiencia onírica que bien podría servir de guion para un videojuego de supervivencia. Mazmorras, glitches que permiten correr por paredes, un mar que delimitaba el mapa, un jefe final que zarandea sin daño –y una prisión con permisos de entrada por niveles. La escena, que cualquier jugador reconocería, plantea una pregunta incómoda: ¿llevamos el gaming al subconsciente?
La transformación onírica incluyó incluso la percepción de otros jugadores: eran personas del pasado del soñante. La sensación de realidad era tan intensa que, al descubrir que era una prisión, el miedo se disparó. No es un caso aislado. Neurocientíficos apuntan que el contenido de los sueños se alimenta de las experiencias diarias; con la media de horas de juego al alza, no sorprende que las mecánicas lúdicas se cuelen en la fase REM.
El contrapunto llegó con una respuesta escéptica: «Los sueños, sueños son». Pero quien lo vivió insistió: «Lo que veo es real en ese momento». La discusión sobre la naturaleza de la realidad durante el sueño es tan vieja como la humanidad, pero ahora se tiñe de píxeles y comandos.
El dato que descoloca
El hilo cerró con una observación críptica: «Bro, cómo vas con tu brent, le metí 10 merkel a ADA». Una referencia que mezcla petróleo, una canciller alemana y la criptomoneda Cardano. ¿Un chiste? ¿Un lapsus? Lo cierto es que, en un sueño lleno de glitches, la realidad también acaba siendo un juego de reglas difusas.