Homonacionalismo: el voto LGTBIQ+ gira hacia la ultraderecha en Europa
Pim Fortuyn, el político holandés abiertamente homosexual asesinado en 2002, fue el precursor de una tendencia que hoy se consolida: el homonacionalismo. El término, acuñado por la autora Jasbir Puar, describe el giro de los votantes LGTBIQ+ hacia partidos de extrema derecha, un fenómeno que comenzó en Estados Unidos tras el 11-S y que ahora se extiende por Europa.
Según el análisis que circula en el debate político, en países como Francia, Alemania o Reino Unido, la mayoría de los homosexuales ya apoya a formaciones de ultraderecha. La razón principal no serían los grandes atentados, sino las agresiones cotidianas que sufre el colectivo. Por cada homosexual que termina en un hospital tras una paliza, hay decenas que han recibido insultos o amenazas en la calle. La percepción de inseguridad frente a ciertos sectores migratorios, especialmente de origen islámico, está reconfigurando el voto.
La excepción española
En España, sin embargo, el patrón no se reproduce. Las encuestas muestran que los votantes LGTBIQ+ siguen inclinándose mayoritariamente hacia la izquierda. "Aquí son rogelios", se dice coloquialmente, en referencia a una supuesta adhesión ideológica que prima sobre la seguridad. Vox, el partido de extrema derecha español, no logra atraer al electorado homosexual, a pesar de sus intentos por presentarse como defensor de los derechos LGTBI frente al islam.
Un debate abierto sobre causas y consecuencias
El debate refleja posturas encontradas. Mientras unos sostienen que el giro es lógico ante la amenaza islamista, otros señalan que no todos los partidos de la llamada "derecha alternativa" son iguales: unos reciben financiación de Rusia y otros de Israel. También hay quien minimiza el peso electoral del colectivo, cifrándolo en menos del 1% de la población. Lo cierto es que el homonacionalismo es ya una realidad en buena parte de Europa, y sus implicaciones políticas distan de estar resueltas.