El IPC que no cuadra y la IA que no sabe mejor que tú
¿Hasta cuándo hay que tragarse el dato del IPC? Con la cesta de la compra disparada y el Ibex subiendo de vez en cuando para que no se note la caída, el análisis económico se ha vuelto un ejercicio arqueológico: hay que excavar bajo el relato oficial para encontrar la cifra real.
El escepticismo como método
La primera regla del analista de andar por casa es no comprar el dato tal como lo sirven. Que el IPC oficial diga una cosa y la cesta de la compra diga otra ya no es una anomalía: es la pauta. El truco está en preguntarse qué hay detrás del número, quién lo calcula y qué se ha dejado fuera. Contra eso, no hay manual, solo memoria de ciclos anteriores y una calculadora normal.
ChatGPT o Claude: la herramienta no hace al analista
El debate ChatGPT contra Claude está bien para las sobremesas tecnológicas, pero en la práctica las dos cumplen el mismo papel: resumir, estructurar y sonar convincente. Una respuesta bien redactada no es una respuesta correcta; y la IA de turno, como la prensa institucional, puede redactar un comunicado impecable con poco dentro. La diferencia la pone quien pregunta, no el modelo.
Al final, la herramienta fiable sigue siendo el escepticismo de calle. Ningún programa sustituye a la experiencia de haberse comido tres ciclos de esos que los gobiernos llaman «transición económica» y que la realidad llama otra cosa. La IA resume antes el humo institucional, pero no lo detecta.