Madring: un circuito urbano con la ley del ruido suspendida
Un Gran Premio de Fórmula 1 en Madrid ha necesitado, para poder celebrarse, suspender temporalmente la normativa sobre ruido y arrasar cerca de 800 árboles en una zona residencial. La paradoja es difícil de obviar: el evento se vende como escaparate económico de la ciudad, mientras las cuentas del circuito que ya existía en España cuentan lo contrario. El Circuit de Catalunya acumula números rojos desde 2009 y ha recibido más de 140 millones de euros de las administraciones públicas en la última década, fundamentalmente de la Generalitat.
Un circuito sobre un descampado, no sobre una ciudad
El trazado ocupa la parcela donde antes se celebraba el MadCool, un festival que se retiró precisamente por las quejas vecinales por ruido. Sobre ese terreno se ha levantado medio circuito nuevo y medio viario, con placas de acero sobre el asfalto que, según quienes lo transitan a diario, castigan la suspensión de cualquier vehículo al pasar por encima. Hay quien lo describe como la primera pista urbana construida en parte sobre un descampado y que, lejos de aprovechar el espacio libre para crear escapatorias, se ha llenado de muros hasta convertir el trazado en una ratonera.
Seguridad: el coche que voló en los entrenamientos
Antes de la carrera, pilotos de F3 mostraron dudas sobre si el circuito reunía condiciones para competir. Una de las imágenes que circuló mostró un monoplaza que se subió demasiado a un piano, voló ligeramente y cayó de morro, destrozando el alerón delantero. El precedente histórico pesa: el circuito urbano de Montjuïc, considerado durante décadas uno de los mejores, se retiró tras la tragedia del GP de España de 1975, con cinco fallecidos entre espectadores y personal. Desde entonces solo Mónaco conservó su carácter urbano en el calendario.
Los que sí estuvieron: entradas caras y transporte a punto
No todo fue reproche. Quien acudió desde el extranjero destacó la organización: accesos cada pocos minutos, llegada sin fricciones y un Gran Premio de nivel, con las entradas agotadas a precios altos y patrocinadores potentes. Charles Leclerc llegó a decir que «La Monumental» puede convertirse en una de las curvas más icónicas del Mundial. En contra juega el mismo fin de semana: líneas de metro colapsadas, casi 15 minutos entre trenes y sin aire acondicionado en pleno evento, con desmayos de personas mayores.
Quién paga la fiesta
La factura es el punto que nadie cierra. El desglose de la inversión, partida a partida, no aparece en ningún balance que se haya hecho público más allá de referencias sueltas: entradas ofertadas desde 300 euros en zonas de graderío provisional. Los críticos sostienen que el circuito se apoya en una suspensión legal que caduca al terminar las carreras. Los defensores replican con el argumento comparativo: si Cataluña quemó 140 millones en su circuito sin que nadie dimitiera, no hay motivo para rasgarse las vestiduras con Madrid. Y de fondo, la reorganización del calendario: Bélgica ve peligrar Spa, y Montmeló y Madring se turnarían en años alternos.
¿Cuánto cuesta de verdad un Gran Premio urbano que para existir necesita suspender una ley?