Riquelme saca un 35% y Florentino se agarra a Mourinho
El Bernabéu ya no es solo un estadio: es el segundo destino turístico de Madrid, con grupos de indonesios haciendo cola como si entraran en el Panteón de Agripa. Mientras tanto, el club acaba de vivir la mayor conmoción institucional de la era Florentino. Un candidato prácticamente desconocido, de apellido Riquelme y con una campaña que prometía cargos a leyendas como Casillas, ha logrado un 35% de los votos en las elecciones a la presidencia. Y en el mismo escenario, se ha confirmado el regreso de José Mourinho.
La participación no llegó al 31%, dato que por sí solo ya es una advertencia. Pero el análisis fino de lo ocurrido en la segunda parte de este ciclo electoral apunta a algo más profundo: el malestar de un sector del madridismo que, harto de la gestión, está dispuesto a votar al primer advenedizo que se presente.
El misterio Riquelme y el voto de castigo
Riquelme, al que las crónicas describen como un empresario gachupín sin currículum futbolístico, ha protagonizado la campaña más esperpéntica que se recuerda. Prometió dar un puesto de primer nivel a Iker Casillas, una idea que arrancó carcajadas incluso entre sus propios seguidores. Pero su mayor logro fue canalizar el descontento con el presidente.
El hecho de que un desconocido, con promesas imposibles y un equipo deportivo que ni siquiera se dejó fotografiar con él, consiguiera más de un tercio del respaldo tiene una lectura clara: no fue un voto a Riquelme, fue un voto contra Florentino. Cuando el río suena, agua lleva, y el río llevaba meses arrastrando el cabreo por la gestión, el calendario, y esa sensación de que el presidente se cree el amo omnipotente de todos los cromos.
La sombra de Casillas, la herida que no cierra
La candidatura de Riquelme resucitó la figura de Iker Casillas. El portero, con 725 partidos oficiales y 463 victorias, sigue siendo el segundo jugador con más encuentros en la historia del club. Pero su relación con el madridismo es hoy un campo de minas: hay quien le considera un mito y quien le reprocha haberse convertido en un vividor mediático.
La oferta de Riquelme de darle un puesto de primer nivel fue la broma de la campaña, pero también destapó la batalla por el relato. Para unos, Casillas representa la época dorada; para otros, es el símbolo de un madridismo traidor y vividor. El regreso de Mourinho, su enemigo histórico, no hace sino avivar esa fractura.
Mourinho, la segunda venida
La confirmación de que José Mourinho volverá al banquillo blanco para la temporada 2026/27 ha sido recibida con una mezcla de euforia y recelo. El portugués, que ya ganó una Liga y una Champions en su primera etapa, regresa con un aura de salvador para una afición que añora el carácter competitivo perdido.
Pero Mourinho no es un entrenador cualquiera: su relación con Casillas fue una guerra abierta que acabó con el portero en el banquillo. Aquella batalla dividió al vestuario y a la afición. Ahora, con el club necesitando un revulsivo, la pregunta es si Mou es el hombre para unir a un madridismo roto o si, por el contrario, volverá a abrir las heridas.
El modelo Florentino bajo lupa
La parte económica no se puede ignorar. El Bernabéu se ha convertido en un polo de atracción global, con el estadio como segundo destino turístico de la capital. Ese movimiento centra la estrategia de Florentino: diversificar ingresos más allá del fútbol. Pero el descontento social no se compra con turismo.
Que un tercio largo de los socios esté dispuesto a votar al primer advenedizo, después de haber ganado seis Champions, no es un éxito. Es una advertencia muy seria. El presidente deberá gestionar esa realidad con la misma astucia que empleó para construir el imperio económico, o verá cómo el descontento se convierte en un problema recurrente.
El fin de ciclo y los peces rellenitos
Con Riquelme ya amortizado como sparring, el madridismo crítico espera que en las próximas elecciones aparezcan candidatos con mayor enjundia. Gente con mucha pasta, más que Riquelmeme, que hasta ahora no han asomado la gaita porque saben que Florentino es imbatible. Pero un 35% de voto de castigo es un acicate para que los peces rellenitos se disputen la pieza.
El calendario apunta a que Florentino seguirá hasta 2030, como sus más estrechos colaboradores no se cansan de repetir. Pero si en las próximas elecciones la participación sube y el descontento se organiza, la era del hombre del clínex podría tener los días contados. Por ahora, el presidente tiene a Mourinho en el banquillo para tratar de remontar. La pregunta es si eso bastará para apaciguar a un club que ha visto demasiados traidores a lo largo de su historia.