El Ibex 35 esquiva los 9.500 y vuelve a mirar a los 11.200
A
9.500 puntos el Ibex abría, para muchos analistas, las puertas del infierno. A 11.200, la proyección obligaba a rehacer los recuentos desde cero. Entre uno y otro nivel median menos de 1.700 puntos, y enero de 2011 fue el mes en que el selectivo español pareció decidido a recorrerlos en las dos direcciones. Lo llamativo es que lo hizo mientras la banca se descolgaba por la barranquilla y el ruido exterior —Egipto, el bono portugués, una petrolera suspendida de cotización— no dejaba de sonar. El mercado subió donde los fundamentales apuntaban hacia abajo.
La pregunta que planeó todo el mes no era si había razones para que el Ibex cayera, sino por qué se empeñaba en no hacerlo.
¿Por qué los 9.500 puntos del Ibex eran la línea roja?
La cifra se repitió como un mantra. Un cierre semanal por debajo de
9.500 habría colocado a la mayoría de los análisis técnicos apuntando a la zona de 9.250-9.200. El razonamiento era sencillo y brutal: se habían sacudido posiciones largas a mitad de camino y el giro se produjo justo donde más duele. Quien había vendido en 9.650 y en 9.750 se quedó fuera, y quien se había puesto corto confiando en el desplome se vio atrapado. En los chats técnicos se daba por descontado que el nivel se perdería. No ocurrió.
Hay quien sostiene que el primer soporte aguantó porque
9.400 y 9.200 eran los verdaderos niveles a vigilar, y que el mercado se limitó a rozarlos sin romperlos. En contra pesa el argumento de que una subida del 10% en una sola sesión puede deshacerse en dos días y devolver el índice a los ochomiles. La puerta del infierno quedó entornada, no cerrada.
Una subida de 600-700 puntos en dos sesiones: qué la movió
El rebote fue de manual en su magnitud y opaco en su causa.
600-700 puntos en dos jornadas antes de que el mes cambiara de tercio. La explicación más repetida no tenía nada que ver con España: la Reserva Federal ejecutó la
mayor POMO desde 2009, con
8.870 millones de dólares inyectados de una tacada. Cuando el banco central compra a ese ritmo, el precio de los activos deja de discutir y empieza a obedecer.
La otra tesis sonaba menos elegante: estaban metiendo el dinero que no se había colocado en el no-rally de Navidad. Sin épica, sin análisis profundo.
Egipto, el bono portugués y Repsol suspendida
El mes tuvo su dosis de exterior. Las ventas de una tarde se atribuyeron a lo que ocurría en
Egipto, aunque en la misma jornada se sostuvo que la razón real era el propio acercamiento del índice a una resistencia. El bono portugués hizo de alfiler y más de uno sacó pecho por haber acertado con los cortos. Y en medio, una petrolera suspendida de cotización que dejó a más de uno buscando explicación sin encontrarla.
El muro de los 11.200: los niveles que se repetían
A medida que el índice escalaba, la lista de cifras se fue poblando. Los
10.200 aparecían como techo del lateral; por encima, los
10.750 y, si la continuidad se confirmaba, la proyección apuntaba a los
11.200. Nadie dudaba de que los 10.200 y 10.750 eran «niveles de trincheras»: para plantearse comprar hacía falta bastante más que un simple cierre por encima. La zona de negociación del día se situó en
10.834. Los techos relevantes quedaron en 10.976, 10.993 y 11.032, con soportes en 10.780 y 10.740.
El detalle que descoloca: con los 11.200 en el horizonte, un recuento admitía que un Ibex en 10.750 no era preocupante y que llegar a 11.200 obligaría a rehacer las cuentas desde cero. La euforia y la prudencia compartían la misma gráfica.
El euríbor, las cajas y el dinero que no se pide
Mientras el índice subía, una línea de crédito concedida a
euríbor + 0,49 servía para radiografiar el pulso bancario. Pedir dinero en plena fusión de cajas, con entidades quebrando y una subida del Euríbor en el horizonte, se antojaba mala idea para el prestatario y peor para el banco. La financiación existía, pero nadie con dos dedos de frente quería firmarla.
Enero de 2011 dejó el índice 1.700 puntos por encima del abismo y a los mismos técnicos divididos sobre si la siguiente parada eran los 9.400 o los 11.200. Con estos mimbres, ¿alguien se atreve a decir dónde acaba el lateral?