Crudo físico a 140 dólares: la factura real del bloqueo de Ormuz
Hacia las nueve y media de la mañana del 14 de marzo de 2026 ardía la zona industrial de Fujairah, el enclave emiratí por el que sale al mar buena parte del crudo que esquiva el estrecho de Ormuz. Los tanques de almacenamiento de la terminal, operada por ADNOC Logistics & Services, quedaron fuera de servicio tras un ataque que se presentó como represalia por los bombardeos de los Emiratos contra las refinerías iraníes de las islas de Lavan y Siri. Pocas jornadas antes, Abu Dabi hablaba de «desmantelar por completo» las capacidades iraníes; tras el impacto en su propia infraestructura, su asesor diplomático reclamaba una solución política. La factura del estrecho había empezado a llegar a cada gasolinera del planeta.
El estrecho minado y el peaje que cobra Irán
El cierre de facto del paso marítimo por el que circula cerca del 20% del petróleo mundial dejó de ser una amenaza para convertirse en práctica. La Armada del Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos desplegó minas navales autopropulsadas —bautizadas Arund y Maham— capaces de reubicarse por sí solas y de reventar cualquier operación de desminado. La Armada estadounidense reconoció que apenas había detectado minas, y aun así el tráfico comercial se hundió prácticamente a cero: nadie quería arriesgar un carguero. Teherán fijó dos corredores alternativos junto a la isla de Larak y exigió que cada buque coordinara su entrada con su armada.
Unas semanas antes, Irán había permitido el paso a los petroleros con destino a Filipinas, que arrastraba una emergencia energética, y había declarado que los buques españoles podrían cruzar sin restricciones. En paralelo, según diversas informaciones, los Estados del Golfo empezaron a pagar una suerte de peaje para que sus petroleros no fueran tocados. La estrategia de asfixia había mutado, según se sostenía, en modelo de negocio.
El crudo físico ya se paga a 140 dólares
Los futuros del Brent y el crudo que realmente se mueve por la región se desacoplaron. Según un cálculo que circulaba en los análisis, los futuros rondaban los 100 dólares por barril mientras los swaps físicos de Dubái escalaban hasta los 140. El gas natural europeo (TTF neerlandés) llegó a dispararse alrededor de un 72% en apenas dos días, y el diésel se colocaba en torno a los 200 dólares por barril. Según el politólogo Robert Pape, un año de presión militar había regalado a Teherán, paradójicamente, la posición dominante sobre el crudo del golfo Pérsico.
La traducción doméstica no tardó en llegar. En Alemania, el gasóleo marcó su máximo histórico a 2,327 euros el litro y la gasolina subió hasta 2,129 euros, según datos del club automovilístico ADAC. La factura energética europea se incrementó en miles de millones en apenas un mes, y con ella el precio de los alimentos y del transporte.
Alemania y Francia: la peor crisis energética en décadas
El 11% de las estaciones de servicio francesas se quedó sin gasolina o sin diésel —una de cada nueve—, con picos del 16% de escasez en Gran Este, el 15% en Países del Loira y el 14% en Occitania, según cifras oficiales. Como el recuento solo marca como agotada la estación que se queda sin ambos combustibles, la escasez real fue bastante mayor. El diésel galo promediaba 2,406 euros el litro.
En Alemania, Lufthansa llegó a cancelar del orden de 20.000 vuelos, con horizonte hasta octubre. Los analistas que siguen las reservas estratégicas dibujaron un mapa muy incómodo: India con apenas nueve días de autonomía, Corea del Sur con cincuenta, Sri Lanka racionando y recortando la semana laboral, Japón reconociendo reservas reales muy por debajo de las anunciadas. En ese contexto, las importaciones de gas ruso en España marcaron su récord histórico en un solo mes, cerca de 10.000 GWh, pese a las sanciones vigentes hasta 2027.
Yemen abre un segundo frente sobre el mar Rojo
Mientras Ormuz se cerraba, el estrecho de Bab al-Mandeb se convirtió en la siguiente pieza del tablero. El movimiento yemení Ansar Allah reivindicó ataques a gran escala con misiles balísticos, de crucero y drones contra instalaciones de ARAMCO en Yanbu y contra objetivos en Riad y el este de Arabia Saudí, y anunció el bloqueo de puertos saudíes. El aeropuerto de la capital saudí registró cancelaciones y vuelos que no pudieron aterrizar.
La empresa de seguimiento marítimo Kpler constató que solo cinco buques con mercancía saudí atravesaron el mar Rojo en una semana, menos de un tercio de la media habitual. El tránsito de crudo por Bab al-Mandeb bajó a unos 3,4 millones de barriles diarios desde los 4,4 millones de media del año. Con Ormuz bloqueado y el oleoducto este-oeste del reino interrumpido, la capacidad saudí de exportar su materia prima quedó seriamente comprometida.
Las bases americanas bombardeadas y el recuento de bajas que no cuadra
Las represalias iraníes alcanzaron bases estadounidenses en Baréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Irak y Jordania. Imágenes por satélite mostraron alojamientos de oficiales destruidos en la base Ali al-Salem de Kuwait y en la de Hasaka, en Siria. La discrepancia entre daños y cifras oficiales se convirtió en uno de los asuntos más discutidos: hubo quien sostuvo que solo trece bajas no podían cuadrar con dieciséis instalaciones afectadas.
El secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, desmintió con dureza un reportaje del Washington Post que apuntaba a bajas militares superiores a las reconocidas. La versión oficial y los indicios sobre el terreno siguieron sin encajar. Lo que no se discute es el coste material: instalaciones construidas durante tres décadas, radares de cientos de millones cada uno y almacenes logísticos convertidos en escombros.
Pakistán, el TNP y unos apagafuegos que nadie cree
En el plano diplomático, Pakistán emergió como mediador inesperado: una delegación encabezada por el jefe del Ejército, Asim Munir, llevó a Teherán un mensaje de Washington. Se habló de avances significativos en torno al programa nuclear y las reservas de uranio. A la vez, el Parlamento iraní tramitó por vía de urgencia un proyecto para salirse del Tratado de No Proliferación Nuclear, según el cual permanecer dentro no aportaba ya ninguna ventaja. El portavoz del Comité de Seguridad Nacional lo resumió sin rodeos: sus instalaciones nucleares eran objetivo de ataques pese a los compromisos internacionales.
La otra cara fueron los anuncios de alto el fuego. Y ahí la sospecha se instaló con fuerza: cada vez que el presidente estadounidense hablaba de paz coincidían el cierre de los mercados y las palabras amables sobre un acuerdo inminente; días después llegaban nuevas amenazas. Un reconocido analista llegó a sostener que Washington fabricaba compromisos que Irán nunca asumió, preparando así el terreno para un nuevo ataque.
Del petrodólar al yuan: el pago que enfada en Washington
Una de las derivadas menos visibles del bloqueo fue el golpe al sistema financiero construido sobre el dólar. Circuló la noticia de que Irán podría permitir el paso de un número limitado de petroleros por Ormuz si la carga se pagaba en yuanes. Rusia y China anunciaron que dejarían de usar el dólar en sus transacciones comerciales, y Moscú confirmó que los futuros acuerdos de petróleo y gas con Europa se denominarían en yuanes. El senador estadounidense Lindsey Graham calificó el uso del yuan por parte de Irán como un ataque directo al dólar.
En paralelo, varios análisis señalaron que la principal exportación estadounidense durante cinco meses consecutivos fue el oro, con destino a Suiza, Hong Kong y China. El petrodólar, el sistema nacido en 1974 que obligaba al mundo a poseer dólares para comprar crudo, empezaba a mostrar grietas.
España, Francia y el giro europeo
El frente europeo dejó imágenes inéditas. España y Francia cerraron sus bases y su espacio aéreo a operaciones militares estadounidenses contra Irán, y Francia se negó a dejar sobrevolar su territorio a aviones con material militar hacia Israel. El presidente estadounidense respondió con un «lo recordaremos». Austria rechazó todas las solicitudes de sobrevuelo, y Bélgica pidió suspender el acuerdo de asociación con Israel. Los buques españoles, en cambio, navegaban por Ormuz sin obstáculos.
El asunto de Rota entró en la ecuación: la base gaditana es prácticamente el único punto europeo donde Estados Unidos puede atracar permanentemente destructores con armamento nuclear. En Alemania empezó a hablarse abiertamente de devolver a casa a las tropas estadounidenses.
Dónde sigue el pulso
El final de la guerra no está escrito. Irán condicionó la reapertura del estrecho a la devolución de 11.000 millones de dólares de activos congelados —no pedía el fin de las sanciones, exigía dinero—, y el cierre de Bab al-Mandeb siguió amenazando el tráfico. El jefe del Estado Mayor israelí avisó de que las reservas militares podían colapsar; la retirada americana de bases saudíes se presentó en algunos círculos como la mayor victoria iraní. Mientras, los futuros del crudo seguían anclados cerca de los 100 dólares y el crudo físico, a 140. Esa brecha de 40 dólares es, hoy, el verdadero termómetro de quién manda en el golfo Pérsico.