Gasolina a 5 euros: la tormenta perfecta que nadie protestó
¿Cómo se llega a un escenario donde la gasolina alcanza los 5 euros, el euríbor el 10% y el IPC el 20%, y la respuesta social es un silencio atronador? Hace aproximadamente cuatro años, el debate económico en España alcanzaba cotas de pesimismo que hoy parecen proféticas. Las previsiones apuntaban a una confluencia de precios disparados que haría implosionar el consumo, la vivienda y la renta disponible. Sin embargo, las calles no ardieron. O casi.
El cóctel de precios que nadie quería ver
Los datos que se manejaban entonces dibujaban un panorama sombrío: gasolina a 5 euros por litro, euríbor en el 10% e IPC en el 20%. Una tripleta que, en teoría, debería haber paralizado la economía doméstica. Y sin embargo, la protesta social brilló por su ausencia. Se argumentaba que la ciudadanía estaba desmovilizada, atrapada entre una clase política que percibía como desconectada y una oposición que alternaba entre la confrontación estéril y la complicidad con el gobierno. Ni los sindicatos ni los partidos lograron articular una respuesta masiva.
El dato que lo cambió todo: la caída del gas
En medio del catastrofismo, un dato emergió: las materias primas comenzaban a caer. El gas, en particular, se desplomó un 14% en una sola jornada. Para algunos analistas, ese movimiento señalaba el principio del fin de la espiral inflacionista. Pero la desconfianza hacia el relato oficial era tal que muchos lo interpretaron como una maniobra para enfriar las críticas en vísperas de la cumbre de la OTAN. La narrativa de la crisis se mezclaba con la geopolítica.
La paradoja de la resignación
Lo más llamativo no era el precio, sino la ausencia de reacción. Mientras los costes de vida se disparaban, los ciudadanos seguían acudiendo a terrazas a consumir cervezas de dos horas, pero sin gastar más allá. La ironía no pasó desapercibida: se había convertido en un entretenimiento barato en tiempos caros. La explicación que circulaba era que la sociedad española había agotado su capacidad de asombro y su voluntad de protesta, abrumada por una crisis tras otra. Y quizá, también, porque los líderes de la protesta potencial estaban demasiado ocupados con sus propias batallas internas.
Las lecciones de un clima que no llegó a ser tormenta
Aquella discusión, que hoy parece un ejercicio de futurología, dejó en evidencia algo incómodo: cuando los indicadores económicos se vuelven extremos, la sociedad reacciona con menos urgencia de la que presuponen los modelos. O quizá la reacción fue más sutil, canalizada hacia la desafección política y el auge de los discursos antisistema. Lo cierto es que la gasolina a 5 euros no provocó barricadas, pero sí un descontento subterráneo que aún colea. Y eso, en términos de resiliencia social, es tan inquietante como la propia crisis.