La cocina rusa que los españoles que la han probado sí defienden
El primer sorbo de kvas frío en una calle de Moscú en verano desconcierta. No es cerveza, no es zumo, no es refresco. Es una fermentación de cereales, más dulzona y con menos alcohol, que en botella de plástico y sin pasteurizar —la que elaboran monjas ortodoxas en un monasterio, según un participante— se convierte en una de esas cosas que uno recuerda años después. La pregunta que abrió la conversación era sencilla: qué plato de cocina rusa gustó más a quienes han estado allí. La respuesta, sin embargo, se fue enredando hasta convertirse en un mapa gastronómico del antiguo espacio soviético, con paradas en Georgia, Ucrania y Asia Central.
Blini, pelmeni y la sopa que se come en verano
Entre los platos más repetidos aparecen los
blini, esas tortitas finas que se comen tanto dulces como saladas y que, avisan, llenan mucho: «te comes tres o cuatro y vas muy bien servido». Encima, si hay
caviar rojo, el asunto sube de categoría. También los
pelmeni —empanadillas hervidas, sobre todo de carne o setas— y los
vareniki, con la
smetana (nata agria) como acompañamiento obligado. Hay quien sostiene que sin ese ingrediente no hay plato completo.
La sopa estrella de invierno es el
borsch, de remolacha, que algunos señalan como ucraniano de origen aunque esté extendido por toda la antigua URSS. Para el verano aparece la
okroshka, que se toma fría y lleva kvas entre sus ingredientes. Y la
solyanka, ya caliente, con verduras y limón. Una forera apunta que el borsch solo le sale bien «en la olla gigante para 15».
El arenque bajo el abrigo y la ensaladilla que no es rusa
Uno de los platos más citados es la
seledka pod shuboy, el arenque bajo el abrigo de piel: capas de arenque, patata, remolacha y mayonesa. Varios coinciden en que es su favorito y en que se ha incorporado a las cenas navideñas familiares en España «para no abusar de la ensaladilla Olivier». Precisamente sobre esa ensaladilla hay una corrección histórica repetida: en Rusia se llama
Olivier, por el cocinero francés que la preparó para un zar, y no tiene nada que ver con la ensaladilla española.
La
ternera Strogonoff, en cambio, genera división. Un participante asegura que es «más bien un plato francés» y que en Rusia nadie la come. Otro la defiende como uno de los platos que más le gustaron. La discusión sobre qué es auténticamente ruso y qué es invento de exportación recorre todo el intercambio.
Georgia, Daguestán y el cordero a la brasa
Buena parte de los platos que más entusiasmo despiertan no son rusos en sentido estricto. Los
khinkali (empanadillas al vapor) y el
khachapuri son georgianos, igual que el
shashlik o shaslik, las brochetas de carne. Alguien bromea con que el shashlik lo debió inventar «el mismo Gengis Khan un día tonto que tuvo», dada su extensión por toda la Federación.
Un viajero que estuvo en Daguestán y Kabardino-Balkaria describe brochetas de cordero,
jinkales al vapor y
chudus, unos crépes rellenos de carne o verduras. En un campamento de pastores del valle de Iryk-Chat le prepararon cordero a la brasa y una bebida parecida al kefir ligeramente fermentado. Su conclusión: «una variedad de tés acojonante y mil veces mejores que aquí».
El kvas, los zefir y el desayuno con serniki
La bebida más mencionada es el
kvas. Se insiste en que no es cerveza con limón ni radler: es una fermentación de cereales con menos alcohol, más dulce y sin lúpulo. En verano, la tanqueta amarilla con kvas es un clásico. También aparecen los
zefir, descritos como merengues esponjosos que se toman con té hirviendo, y los
serniki para desayunar.
No todo es entusiasmo. Un participante casado con una mujer rusa resume: «es una gastronomía más bien triste basada en ensaladilla y sopas». Otro la sitúa por detrás de la alemana y muy lejos de la francesa. Y hay quien recuerda que la comida georgiana «destroza a las hembras de la región apenas a los 28 años».
El plato más repetido en las respuestas no es ruso. Es georgiano. Y la bebida que más elogios acumula no es vodka. Es kvas de monasterio en botella de plástico.