Femen protesta ante la sede de Vox y el cálculo de votos sigue abierto
Una protesta se mide por las fotos que deja, no por los minutos que dura. Bajo esa lógica, la irrupción de activistas de Femen frente a la sede de Vox, con el
torso desnudo y pancartas contra el partido, cumplió su objetivo: las imágenes corrieron más que cualquier comunicado. El problema es otro. Nadie coincide en a quién benefician. Una parte del análisis sostiene que cada foto es un regalo de votos para el partido señalado; otra responde que la
campaña del miedo a la ultraderecha es justo lo que moviliza a su electorado. El cálculo, a estas alturas, sigue sin cerrarse.
Qué pasó en la protesta frente a la sede de Vox
Un grupo de activistas de Femen se concentró ante la sede del partido con el torso desnudo y pancartas, en plena campaña electoral, y dejó un rastro de fotografías pensado para circular en redes. La escena es un clásico del repertorio del grupo. Aquí se topó con una respuesta que la propia acción no controla. Hay quien da por hecho que la protesta
llegaba tarde, con el calendario electoral ya en marcha, y quien avisa de que las imágenes acaban en manos de quien no las pidió.
El argumento de que cada foto es un voto para Vox
La primera lectura que aparece es la del cálculo electoral. Más ruido, más visibilidad, y la visibilidad la capitaliza el partido al que se apunta. Formulado sin rodeos: la protesta sería, en la práctica,
publicidad gratuita para Vox en plena campaña. La conclusión incomoda a quien la organiza, porque admite un problema de fondo: manifestarse contra alguien puede ser la mejor manera de amplificarle el mensaje. El razonamiento tiene su lógica, aunque se apoya en una intuición y no en un dato.
La tesis contraria: la advertencia sobre la ultraderecha sí moviliza
Frente a ese cálculo, otro bloque defiende justo lo contrario. La
campaña del miedo estaría funcionando, y los resultados del domingo lo confirmarían. Bajo esa óptica, la protesta no regala nada: activa a un electorado que reacciona precisamente al aviso sobre Vox. Las dos tesis son simétricas y se anulan entre sí. Ninguna puede comprobarse hasta que haya urnas, y ambas se agarran a la misma evidencia: que la imagen circula sola.
La sospecha de la protesta pagada y el contraataque que se propone
Un tercer bloque no discute el efecto, sino la autenticidad. Las activistas serían
actrices contratadas y la acción, un montaje con financiación ajena. Es una sospecha que se lanza sin una sola prueba y que reaparece cada vez que una acción de este tipo salta a los medios. De ahí se salta a la receta práctica: responder con pancartas propias, grabar, distribuir y convertir la protesta ajena en mensaje propio. Los lemas de esa contraofensiva apuntan a la gestión del Gobierno y a sus socios, con acusaciones que sus impulsores dan por buenas y que forman parte de la refriega política. El guion entero, con su orden de mensajes, está escrito paso a paso.
El origen ucraniano de Femen y la acusación de doble vara
El trasfondo del grupo, de origen ucraniano, aflora en el intercambio. Aparece la tesis de que buena parte de este activismo llegó importado, y una acusación de doble rasero: se aplaudiría que las mujeres ucranianas puedan salir del país mientras sus hombres van al frente, y se protestaría aquí por otro motivo. Es una línea de ataque que mezcla el origen del colectivo con la guerra y que sus defensores no acompañan de ningún dato.
El consejo de no dar la foto que se busca
En medio del ruido aparece un consejo:
no dar la foto que busca la protesta. Un selfie sonriente, se argumenta, dejaría a las activistas en evidencia, aunque quien lo propone admite que ningún político está para dar lecciones. Otra parte del comentario se fue por una vía menos útil: intentos de identificar a las activistas y descalificaciones personales que no aportan nada. Ahí se perdió el foco, que era el efecto político.
Ni la protesta ni la reacción admiten una medición limpia. La única certeza es que la acción ya cumplió su función de propaganda, se mire por donde se mire. Si eso se traduce en votos para Vox, en movilización para sus adversarios o en nada, se sabrá después del domingo. Hasta entonces, cada bando seguirá viendo en la misma foto la confirmación de lo que ya creía.