El Debate vincula el feminismo de izquierda con prostíbulos y acoso
El Debate y otros medios conservadores han difundido una serie de tuits que relacionan al Gobierno y a la izquierda con casos como los prostíbulos financiados con fondos de los ERE, el caso Tito Berni y las acusaciones de acoso contra Íñigo Errejón. Según estos mensajes, el
feminismo de la izquierda se quiebra ante estos escándalos. Los participantes en el debate reproducen y amplifican estas acusaciones, en su mayoría sin aportar pruebas judiciales firmes.
De los ERE a Tito Berni: el rastro de los escándalos
El punto de partida es conocido: los fondos de los ERE andaluces acabaron, según las investigaciones judiciales, financiando prostíbulos y comisiones. A eso se sumó el caso Tito Berni, el exdiputado socialista señalado por su implicación en una trama de prostitución y tráfico de influencias en Canarias. Ninguno de los dos casos está cerrado en firme, pero ambos comparten un patrón: dinero público, uso privado y silencio institucional.
El tercer frente es el más reciente. Las acusaciones de acoso contra Íñigo Errejón, que él ha negado, han reabierto el debate sobre la coherencia entre el discurso y la práctica. La dimisión de Errejón y su salida de Sumar dejaron un reguero de preguntas sin respuesta sobre qué sabía el partido y cuándo lo supo.
El PSOE y la denuncia retirada: ¿protege el partido a sus cuadros?
Uno de los episodios más incómodos es el de una exdirigente de las Juventudes Socialistas que denunció acoso y, según su testimonio, el partido le pidió «amablemente» retirar la denuncia «por el daño al partido». El caso, que no ha sido confirmado judicialmente, apunta a una cultura interna donde la reputación institucional pesa más que la protección de la víctima.
La pregunta que sobrevuela es si el feminismo de la izquierda es un principio o una herramienta electoral. Cuando el escándalo salpica a un rival, se esgrime con vehemencia; cuando salpica a un aliado, se gestiona con silencio y paños calientes. Esa asimetría es la que alimenta el escepticismo.
La doble vara de medir: lo que unos ven coherencia, otros ven hipocresía
Hay quien sostiene que estos casos no invalidan el feminismo como proyecto político, sino que demuestran que ninguna organización está libre de machismo. Desde esa lectura, la respuesta correcta es depurar responsabilidades y seguir adelante. En contra pesa el argumento de que la izquierda se arrogó una superioridad moral que ahora no puede sostener.
El contraste con la derecha es inevitable. En VOX, por ejemplo, las mujeres han ocupado puestos de máxima responsabilidad sin necesidad de reivindicar un feminismo de cartón piedra. No se trata de idealizar a nadie, pero la comparación descoloca a quien presuma de ser el único partido verdaderamente feminista.
El 8M y la contradicción de la pancarta
Cada 8 de marzo, la izquierda sale a la calle con pancartas que reclaman igualdad real. Este año, las marchas convivieron con los titulares sobre Errejón, Tito Berni y los prostíbulos de los ERE. La imagen de dirigentes feministas desfilando mientras sus compañeros de coalición están imputados por delitos sexuales o de prostitución es, cuanto menos, incómoda.
La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, defendió una sociedad con «el feminismo en el centro» en pleno caso Errejón. La frase, repetida hasta la saciedad, suena hueca cuando el partido que lidera no supo —o no quiso— actuar antes.
¿Qué pasa ahora? El futuro del feminismo de izquierdas
El daño reputacional es evidente. La izquierda afronta una crisis de credibilidad en uno de sus ejes programáticos. Las opciones son dos: reconocer los fallos y reformular el discurso desde la humildad, o insistir en la superioridad moral y confiar en que el electorado olvide. La historia reciente sugiere que la segunda vía suele fallar.
Mientras tanto, los casos siguen su curso judicial. Errejón ha negado las acusaciones; Tito Berni está a la espera de juicio; y la exdirigente de las Juventudes Socialistas sigue esperando una respuesta que nunca llegó. El feminismo de izquierdas, ese que se vendía como el único auténtico, tendrá que decidir si quiere ser un movimiento o un eslogan.
¿Qué opinas? ¿Crees que estos casos demuestran una hipocresía estructural o son solo errores individuales?