Las contradicciones de Sánchez que ya no sorprenden a nadie
Pedro Sánchez dijo en 2014 justo lo contrario de lo que defiende hoy. Y el escándalo dura menos que una declaración a la puerta del Congreso.
La hemeroteca ha vuelto a desenterrar otra perlita del presidente, pero la reacción general oscila entre el bostezo y la burla. Lo que en democracias serias provocaría una crisis, aquí se salda con un «¿y?» colectivo. Los analistas —los que se toman la molestia de analizar— están divididos entre quienes consideran inútil perseguir a un político que sabe que la impunidad le protege, y quienes creen que cada documento rescatado es una pieza más para cuando el hastío ciudadano haga mella.
Hay algo de descomposición en el retrato que emerge: un Dorian Sánchez Grey que guarda en el desván su imagen verdadera mientras aparenta ser la estatua del estadista. El problema no es que mienta: es que ha normalizado la mentira como herramienta de gestión. Y el electorado, si no lo celebra, lo tolera con la misma naturalidad con la que asume el cambio de hora.
A corto plazo, la hemeroteca no tumba a nadie. Pero conviene no subestimar el efecto acumulativo: cada contradicción recopilada es un voto que se queda en casa. Así que el presidente puede seguir tranquilo, por ahora. Hasta que el hastío se convierta en hartazgo, y el retrato del desván se haga insoportablemente visible.