129 relaciones en 37 años: la economía sexual de un perfil anónimo
Un hombre cuenta con minuciosidad estadística cada uno de sus encuentros desde 1987. 129 contactos en 37 años, con picos en 2007 (17) y 2011 (8), y largos periodos de sequía. Los datos, acompañados de anotaciones sobre prostitución y personas trans, abren una pregunta que va más allá de lo personal: ¿cuánto sexo es "normal" y qué papel juega el dinero en la ecuación?
El meticuloso registro de una vida sexual
La contabilidad empieza en 1987 con un único contacto. Al año siguiente, dos. El ritmo crece hasta 1999, donde marca un pico temprano de 9. Pero el verdadero boom llega en 2007: 17 encuentros, el máximo de la serie. El autor añade notas entre paréntesis: "2 TRAVESTIS" en 2004, 2007, 2010, 2011 y 2022. A partir de 2012, el declive es acusado: años enteros en cero, y solo repuntes testimoniales de uno o dos contactos hasta 2023.
El total acumulado asciende a 129. Una cifra que el propio autor considera baja, a juzgar por las preguntas que lanza al foro: "¿os parecen pocas o muchas?".
El dilema de la cantidad frente a la calidad
La respuesta mayoritaria es clara: para tratarse de relaciones pagadas, el número no es impresionante. Hay quien calcula que, si se descuenta la prostitución, la media anual cae por debajo de 2. Otros señalan que el pico de 2007 coincide con el apogeo de la burbuja inmobiliaria, cuando la economía española aún fluía. "Coincide ampliamente con las estadísticas de la burbuja inmobiliaria. 2007 a punto de explotar la burbuja. Entiendo que eres albañil", apunta una de las observaciones más afiladas.
La idea subyacente es que el sexo de pago, como cualquier otro bien de consumo, está sujeto a ciclos económicos. Cuando hay trabajo y dinero, la demanda sube. Cuando la crisis aprieta, los ceros se acumulan.
El coste de la intimidad: ¿inversión o gasto?
Un cálculo rápido sitúa el gasto total en unos 7.000 euros, asumiendo un precio medio de 50 euros por servicio. "7k en putes fácilmente, aunque ahora mismo no dan para mucho", ironiza una respuesta. La pregunta que sobrevuela es si esa cantidad ha generado satisfacción o vacío. "A partir de la tercera ya no notas ninguna diferencia. Vas acumulando cuerpos y ya está, da lo mismo 15 que 150", confiesa otro participante que asegura haber estado con 16.000 personas.
El autor, lejos de sentirse satisfecho, insiste en que son "pocas" y que lleva "casi medio año sin sexo". Un dato que contrasta con quienes, comparativamente, consideran el registro abundante. "Comparado conmigo, son muchísimas. Yo nunca pagué", responde un usuario de 54 años.
El sexo como indicador económico
La evolución del historial dibuja una curva que recuerda a otros indicadores: crecimiento hasta 2007, caída libre con la crisis y lenta recuperación a partir de 2014. La correlación entre PIB per cápita y contactos sexuales pagados no es descabellada. En 2007, España crecía al 3,6%; en 2013, el paro rozaba el 27%. Ese año, el contador del autor marca cero.
"Desde 2023 ni una travesti ha caído", se lamenta un comentario, reflejando que incluso dentro del mercado regulado hay dinámicas de oferta y demanda. La inflación, la precariedad y los cambios en la prostitución online han reconfigurado el sector.
La autopercepción y el estigma
El propio autor busca validación externa: "son pocas verdad?". La respuesta es dividida. Mientras unos le aseguran que está dentro de la media, otros lo tildan de triste y patético. La contabilidad minuciosa despierta suspicacias: "No conozco a nadie que lleve la cuenta de su vida sexual. Es bastante inverosímil que tengas una cuenta precisa y exacta de tus relaciones", espeta un escéptico.
Pero el dato está ahí. 129 relaciones en 37 años. Una cifra que, en términos de frecuencia, es inferior a la media que algunos estudios sitúan en 1-2 relaciones semanales para adultos solteros. Sin embargo, la mayoría de esos contactos no se producen en contextos afectivos. La mercantilización del sexo deja una huella contable, pero no emocional.
La pregunta final no es si son muchas o pocas. Es si, para quien las registra, han sido suficientes. El dato que descoloca: en 2013, con la economía española en su punto más bajo, el contador marca cero. Quizás la libido, como el consumo, también depende de lo que haya en el bolsillo.
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