La docena de huevos medianos de Mercadona a 3,10€: ¿estanflación o pacto de precios?
Pocos termómetros miden tan bien la temperatura económica como el precio de los huevos. Cuando la docena de tamaño mediano en Mercadona alcanza los 3,10 euros —y subiendo—, no es solo una anécdota de compra: es un síntoma de algo más profundo. En BonArea el mismo producto se vende a 2,30€; en Lidl la talla M/L ya cuesta 3,70€. Mientras, en Estados Unidos, 18 huevos grandes en Walmart salen por unos 3 euros (2€ la docena). La brecha con los salarios europeos y españoles se agranda.
La explicación oficial: gripe aviar y oferta global
Juan Roig, presidente de Mercadona, atribuyó el encarecimiento del 20% a la mortandad de 160 millones de gallinas en Estados Unidos por la gripe aviar. Una explicación que, sin embargo, no convence a una parte del análisis: «España no importa huevos de EE.UU.», señalan. La dependencia del pienso importado y los costes energéticos pesan más. De hecho, el precio del huevo en origen se ha disparado en toda Europa, pero con diferencias notables entre cadenas.
La sospecha de pacto de precios
Varios análisis apuntan a una coordinación tácita entre las grandes superficies. «Los han subido en todos los supermercados a la vez», se argumenta. Los precios en Mercadona, Lidl, Carrefour, Eroski, Día, Aldi y Bon Area se mueven al unísono, salvo excepciones como la enseña Mere, que vendió 30 huevos por menos de 3 euros. La Comisión de Mercados y Competencia tendría motivos para mirar, aunque hasta ahora no hay expediente abierto.
Estanflación y energía: el contexto incómodo
Más allá del huevo, el debate enciende una alerta mayor: la combinación de inflación alimentaria y estancamiento salarial. Mientras el precio del aceite de oliva, el café y el cacao ya marcaban máximos, ahora el huevo se suma a la lista. «Los bienes de consumo se encarecen más rápido que los salarios», resume un análisis recurrente. Quienes ganan sueldos medios ven cómo su cesta de la compra se encoge. Y con la energía cara —el peak oil como telón de fondo—, el coste de producir piensos y transportar mercancías no deja de subir.
El lujo de comer fresco
La paradoja es que, al mismo tiempo, la calidad se resiente. «Pobres y gordos es la norma ahora», se afirma desde una perspectiva nutricional. Los productos frescos y de calidad se convierten en artículos de lujo, y las familias recurren a procesados baratos. En residencias de ancianos, cuentan testigos, los trabajadores se pelean por las sobras de las comidas. Un cuadro que recuerda más a la posguerra que a la Europa del siglo XXI.
Mientras tanto, los precios siguen subiendo. En Suiza, Aldi vende 10 huevos a 3,30€ (3,19 CHF). «Felicidades, tenéis precios suizos. Ahora solo os faltan los sueldos», ironiza un comentario que resume el sentir general. El dato que descoloca: en 2019, la docena de huevos grandes costaba 1,50€. Seis años después, casi se ha triplicado. Y las explicaciones —gripe aviar, leyes animalistas, especulación— se mezclan sin un relato único que cierre la ecuación.