Vivienda social: sobra suelo, faltan casas y sobra burocracia
España presume de tener suelo vacante de sobra. Y al mismo tiempo, es uno de los países europeos con menos parque de vivienda social. La paradoja no es nueva, pero las cifras que la explican llevan dos décadas empeorando: mientras los alquileres crecen entre tres y cuatro veces más rápido que los salarios, la respuesta institucional sigue atascada entre las trabas al suelo y el miedo a no cobrar.
¿Por qué no se construye si el suelo sobra?
Una de las explicaciones que circula con fuerza es que la escasez no es un accidente, sino el objetivo. Si la construcción desatara la oferta, los precios caerían. Y con ellos, la recaudación por impuestos a las transacciones inmobiliarias y a los beneficios de los rentistas. Según esta tesis, el estado no quiere que el precio baje, porque se ha vuelto estructuralmente dependiente de esa recaudación. Añádase la maraña de regulaciones y la dificultad para liberar suelo en un país en el que el terreno no es, precisamente, el cuello de botella.
El aguacate no tiene la culpa
Frente al discurso que culpabiliza al estilo de vida —ese que reduce la crisis a las tostadas de aguacate y las suscripciones de Spotify—, el análisis estructural apunta a un desacople de fondo: los costes de alquiler y vivienda han crecido entre tres y cuatro veces por encima de los ingresos de los hogares desde principios de los 2000. Recortar gastos superfluos no cubre el agujero del pago inicial. La brecha no es de presupuesto personal, es de política de vivienda.
El lío de quién paga la factura
El escollo clásico es la financiación. Con ejemplos como el de un municipio que no llega al 1% de vivienda social, el argumento de que subir la proporción hasta el 30% quebraría las cuentas municipales tiene recorrido. Y cuando se comprueba que muchos de los que legislan sobre la materia acumulan varias viviendas, la expresión del astut cuidando el gallinero se queda hasta corta. La gestión de lo público, con unos índices de políticos por habitante que algunos califican de potencia europea, no ayuda a disiparlo.
¿Es la vivienda social un problema de suelo, de dinero o de incentivos? Con los datos sobre la mesa, lo único descartable es que se resuelva recortando gastos de ocio.