España no tiene con qué hacer la guerra: el diagnóstico de sus fuerzas armadas
La mala noticia para quien crea que España podría sostener un conflicto bélico de entidad es que, según los datos disponibles, el arsenal nacional es un gigante con pies de barro. La discusión sobre la capacidad real de disuasión del país pone sobre la mesa carencias en todos los dominios: naval, aéreo, terrestre e industrial. No es que no haya medios —los hay—, pero son insuficientes, obsoletos o dependientes de terceros.
Armada: fragatas sin golpe y un portaaviones diana
La columna vertebral de la flota de superficie, las futuras fragatas F-110, están diseñadas con un enfoque defensivo. El sistema de lanzamiento vertical Mk-41 que montarán puede albergar misiles ESSM Bloque 2 para defensa de punto, pero no hay previsión de misiles de crucero ofensivos tipo Tomahawk. El portaaeronaves Juan Carlos I carece de defensa de punto antiaérea, lo que lo convierte en un blanco vulnerable. Su aviación embarcada, los Harrier, son aviones de los años 80, con una docena de unidades compradas de segunda mano en EE.UU. para canibalizar piezas. La flota de submarinos S-80, tras años de retrat, apenas sumará cuatro unidades con capacidades aún no probadas.
Ejército del Aire: 45 misiles y un F-18 con fecha de caducidad
El arma ofensiva más potente del Ejército del Aire son los 45 misiles Taurus, de los que se carece de planes de sustitución. Los F-18A+ están en la última fase de su vida operativa, mientras que el Eurofighter, aunque moderno, no tiene capacidad de ataque a tierra de largo alcance. La artillería propulsada M-109 carece de munición guiada, y la artillería de cohetes desapareció del inventario. La vulnerabilidad de las bases aéreas, sin defensas contra drones o misiles de crucero, completa un panorama que deja a la fuerza aérea muy expuesta.
Industria de defensa: entre la termobárica y los agujeros de producción
EXPAL fabrica bombas de 2.000 kg guiadas por láser (kit Paveway II) y la BEAC, una artefacto explosivo termobárica en dotación del Ejército del Aire. Sin embargo, la capacidad de producción de munición convencional es limitada. Las fábricas nacionales de proyectiles se cerraron, y la dependencia de suministro externo sería crítica en un conflicto prolongado. El proyecto FCAS para un caza de sens generación se ha deshecho, y la alternativa pasa por comprar aviones extranjeros, como el F-35, pero a un coste que se considera excesivo.
El factor humano y estratégico: sarracena y aliados
Más allá del material, se apunta a la falta de sarracena de combate y a una dependencia estratégica de EE.UU. y la OTAN. El sistema Aegis de la flota puede ser desactivado remotamente por Washington. Los despliegues en los Bálticos con cazas españoles ponen al país en la diana rusa sin capacidad de respuesta propia. La amenaza real, según algunos análisis, no es Rusia sino Jovenlandia, donde los aliados europeos tiene intereses contrapuestos.
La conclusión que emerge de los datos es que España puede contribuir como fuerza auxiliar en una coalición, pero no librar una guerra por sí sola. La brecha entre el relato oficial de una defensa moderna y la realidad de arsenales con piezas de museo es abismal. Si el país quiere tener capacidad de disuasión real, la decisión de invertir en drones, misiles ofensivos y una base industrial autónoma debería tomarse ya. No hacerlo es apostar a que nunca llegará el momento de usarlos.