Adiós a los aires en fachada: la cruzada estética que costará dinero
España se prepara para una de esas normativas que generan aplausos en Instagram y dolor de cabeza en las comunidades de propietarios: eliminar los aires acondicionados de las fachadas. El Gobierno, en su empeño por limpiar el paisaje urbano, ha puesto en marcha la cuenta atrás para que todos esos aparatos que cuelgan como hongos desaparezcan de la vista. La idea suena bien sobre el papel, pero como siempre, el diablo está en los detalles.
La medida choca de frente con la realidad de millones de viviendas sin patio de luces. ¿Qué se supone que debe hacer quien no tiene más opción que la fachada? La alternativa, la cubierta, no siempre es viable por estructura o normativa de comunidad. Y mientras tanto, el hormigón visto y las parabólicas –esas sí intocables, por lo visto– siguen campando.
El coste de la belleza urbana
Detrás de la cruzada estética se adivina el tufillo a negocio para unos pocos. Las inspecciones tasadas, las empresas de licencias y las obras forzosas son el cóctel perfecto para una nueva fuente de ingresos. "Primero la derrama para la obra y luego la inspección para comprobar que la has pagado", se oye en los foros. Y mientras, las cubiertas de plástico en terrazas y las reformas sin control campan a sus anchas. El urbanismo español, tan salvaje como siempre, se lava la cara con una medida que no toca lo fundamental.
¿Cumplimiento general o parche para el postureo?
La comparación con Reino Unido, donde los permisos son estrictos, choca con la realidad de millones de viviendas ya sin esa disciplina. La normativa promete un baño de realidad cuando la inspección llegue a los barrios. Quien cumple, paga; quien se salta la ley, también, pero al final la estética mejora solo si hay mano dura. Por ahora, el escepticismo domina: muchos intuyen que esto acabará en un nuevo impuesto encubierto más que en una transformación real del paisaje urbano.