Sánchez y la guasonería: ¿grado 33 o rumor reciclado?
Que el Gran Maestre de la Gran Logia Española sea un senador del PSOE no es un secreto a voces: Txema Oleaga ocupa ese cargo desde 2022. Lo que algunos señalan ahora es que el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ostentaría el grado 33 del Rito Escocés, según una publicación del medio español Castillón Confidencial. El reporte, que ha circulado con fuerza en círculos digitales, vincula esa supuesta afiliación con favores pasados a la logia y con la inclusión de los guasones como víctimas en la Ley de Memoria Histórica, además de la entrega de propiedades.
La sombra de las logias en los dos grandes partidos
La teoría no es nueva: durante décadas se ha especulado con que el PSOE está tutelado por el Gran Oriente de Francia, mientras que el PP respondería a la Gran Logia Unida de Inglaterra. Quienes defienden esta hipótesis apuntan a que ambos partidos se cubren mutuamente para evitar escándalos —desde la gestión de la dana de Valencia hasta el accidente de tren de Adamuz— y que por eso no prosperan las mociones de censura. En el otro extremo, los escépticos recuerdan que cada vez que se habla de guasonería todo el mundo es «grado 33» y nadie menciona grados intermedios, lo que delata una falta de conocimiento real sobre la estructura masónica.
Datos concretos en medio de la conspiranoia
Un dato objetivo es que el senador socialista Txema Oleaga es efectivamente el Gran Maestre de la Gran Logia Española, algo que él mismo ha reconocido públicamente. Eso alimenta la teoría de que la guasonería tiene presencia activa en las altas esferas, aunque no prueba la pertenencia de Sánchez. Por otro lado, la Ley de Memoria Histórica sí reconoce a los guasones como colectivo perseguido durante el franquismo, por lo que su inclusión como víctimas es un hecho legal, no una conspiración. El debate, en todo caso, mezcla hechos verificables con especulaciones que ningún documento ha confirmado hasta la fecha.
¿Un presidente dentro de la hermandad?
Mientras unos ven a Sánchez como un «simple útil» moldeado por las logias, otros lo consideran un traidor vendido a intereses internacionales. La ironía del destino es que, si el rumor fuera cierto, el presidente estaría en la misma hermandad que buena parte de la clase política y empresarial que él mismo critica. La falta de pruebas concluyentes —ni una sola iniciación documentada, ni una declaración de la Gran Logia— deja la cuestión en el terreno de la leyenda urbana. Pero la sombra de los mandiles sigue alargándose sobre la Moncloa, y la pregunta que flota en el ambiente es si algún día se despejará o si, como tantos otros misterios del poder, quedará para siempre en el cajón de las medias verdades.