Ceuta: la solitaria firmeza de Margarita Robles
Margarita Robles es, a día de hoy, la única ministra del Gobierno que parece tener las ideas claras sobre Ceuta. La pregunta es si esa firmeza responde a una convicción real o a un papel asignado en el guion del Ejecutivo. La crisis migratoria en la frontera norteafricana ha sacado a la luz una fractura interna que el Consejo de Ministros no ha sabido disimular.
¿Firmeza real o 'poli bueno'?
Hay dos corrientes de análisis. Una sostiene que Robles es la única con información de primera mano: los mandos militares sobre el terreno le transmiten un diagnóstico que el resto del gabinete ignora. “Si en algún sitio se dicen verdades, es en el ejército”, sintetiza esa lectura. La otra ve un montaje: su papel de 'poli bueno' serviría para dar una imagen de firmeza mientras Sánchez juega a otro juego. La broma de si la firmeza se extiende a los cónyuges resume el tono escéptico.
El coste de la gestión en Ceuta
Un punto en el que coinciden todas las lecturas es que la gestión del asunto de Ceuta ha sido errática. Da igual si no se quiso ver o no se supo: las consecuencias están encima de la mesa. Robles, por su cargo, es la que queda expuesta cuando se habla de orden y fronteras. Pero la misma exposición la convierte en la única que puede dar la orden de disparar sin consultar a la mesa, un escenario que algunos ven con preocupación.
La pregunta sigue abierta: si Robles acaba pagando el precio de su soledad, la crisis de Ceuta habrá dejado otra víctima política. O quizá su calculada distancia sea la única estrategia que sobreviva al desgaste. El tiempo y las urnas dirán si era auténtica o de atrezzo.