La paella gitana presume de marisco y enfada a los puristas
La paella gitana no es una paella. Es un arroz con cosas con aspiraciones de alta cocina, y el marisco lo justifica todo. La polémica va más allá de la receta: lo que se disputa es la marca, el precio y el orgullo territorial.
La receta que apenas lleva arroz
Los críticos más rigurosos han calculado que el arroz representa como mucho un 10% del plato. Hay quien lo reduce a una sola cucharada. El resto son gambones, calamares, pimiento y un amarillo radiactivo que, según las malas lenguas, exige medio bote de colorante. No es arroz con cosas: es, literalmente, cosas con un poco de arroz.
¿Superioridad o herejía?
Mientras los puristas defienden que la paella valenciana es intocable, con su agua de azafrán y su leña de naranjo, los partidarios de la gitana reivindican una versión más opulenta, donde el marisco manda. La otra está bien para los libros de texto. Esta se come. El choque es sobre si la innovación gastronómica merece llamarse paella o si es una provocación con guantes de cocinero.
Lo previsible es que la gitana no destrone a la valenciana. Pero su sola existencia ya ha conseguido lo que pocos platos logran: poner de acuerdo a todos para criticarla. Y mientras la polémica sigue, el arroz se enfría.