Feijóo y la regla del más votado que no blinda Extremadura
Alberto Núñez Feijóo pierde en la conversación. El problema no es tanto su programa como la aritmética que convierte votos en gobierno, y la estrategia con la que pretende cerrarla. Su empeño en fijar como norma que gobierne siempre
la lista más votada es justo lo que le reprochan desde sectores de su propio electorado. La razón es incómoda: ser el más votado no equivale a poder gobernar.
¿Qué significa que gobierne la lista más votada?
Sobre el papel suena impecable. En la práctica, los ejemplos lo desmontan.
En Barcelona la lista más votada fue la del PSC y en Extremadura la del PP, pero quedar arriba en papeletas no garantiza armar una mayoría. Quien defiende con vehemencia esa regla, sostienen sus críticos, no ha medido del todo sus consecuencias: aplicada al pie de la letra, avisan, acabaría por
entregar Extremadura al PSOE en lugar de consolidarla para el PP.
El nudo está en que la lista más votada y la alternativa de gobierno no siempre coinciden. Puede haber una mayoría parlamentaria que sume más escaños sin ser la primera fuerza. Ese desfase es lo que convierte la consigna en un arma de doble filo.
El doble filo de Vox y el corte imposible al PNV
El segundo frente es la geometría de los apoyos. Una de las paradojas que más se repiten es que
Vox ofrece su voto incondicional para que la investidura sea viable —incluso facilitando que el PNV pueda respaldarla— mientras el PP mantiene la distancia con Vox y, al mismo tiempo, no consigue atraer al PNV. El resultado es un partido que se queda con el apoyo de unos y sin la simpatía de los otros.
A eso se suma el riesgo electoral. Si una parte relevante del electorado del PP se desplaza hacia Vox, la suma de las derechas puede no traducirse en la primera posición. Existe el escenario, admitido incluso por votantes del PP, de que
el PSOE quede por delante aunque las derechas sean alternativa de gobierno. Es la cuadratura del círculo: ganar el bloque y perder la Moncloa.
La segunda vuelta: la propuesta que ordena el tablero
Frente a ese embrollo, hay una propuesta concreta que ha ido ganando peso en la discusión. En lugar de la investidura parlamentaria tal y como funciona hoy, sus defensores plantean
una segunda vuelta entre los dos candidatos propuestos por el Congreso. El objetivo es asegurar gobiernos que no dependan de minorías y desactivar la dependencia crónica de socios pequeños.
No es una ocurrencia aislada: aparece como la salida más nítida al problema de fondo —que la gobernabilidad quede rehén de la aritmética fina— y conecta con el reproche clásico a un sistema que produce ejecutivos débiles.
Aznar, Vox y la presión interna sobre Feijóo
La tensión no es solo externa.
José María Aznar desaconseja los pactos con Vox y eleva la presión sobre Feijóo, según las informaciones que se han difundido tras el 28-M. La línea de Aznar choca con quienes sostienen lo contrario: que vetar a Vox regala al PSOE el voto útil y que el mantra del «pactar con Vox es lo peor» solo fortalece a Sánchez.
Hay quien va más allá y sostiene que la insistencia en la lista más votada es una jugada para vender que votar a Vox es tirar el voto. No es torpeza, dicen, es estrategia. Y otros responden que esa estrategia es precisamente la que puede costarle el gobierno al PP.
Vox: de la irrelevancia a disputar el tablero
El contexto que agita todo esto es el crecimiento de Vox. Se afirma que ha
triplicado sus votos y que hace cuatro años no tenía presencia en el Congreso. Un cálculo que circula apunta a que, sin la Ley D'Hondt y con la desaparición de Ciudadanos,
podría plantar hasta 70 diputados, mientras PP y PSOE se mueven en torno al centenar. Con esas cifras, dejar de ser bisagra y pasar a ser alternativa real cambia todas las ecuaciones.
El pulso, mientras, sigue sin resolverse. ¿Basta con ser el más votado, o el PP va a descubrir que quedar primero en papeletas también puede dejarte fuera de la Moncloa?