Corea del Norte: ¿realmente puede convertir Seúl en un mar de fuego?
La retórica belicista de Pyongyang ha pasado de ser palabrería a tener respaldo técnico. Las exhibiciones de armas de 2025 muestran un salto cualitativo en misiles, submarinos y un destructor que nadie esperaba. Pero, ¿es suficiente para cumplir la amenaza?
El hito del destructor Choe Hyon
En abril de 2025, Corea del Norte realizó las primeras pruebas de mar de su nuevo destructor multipropósito «Choe Hyon». Equipado con 32 celdas de lanzamiento vertical para misiles superficie-aire, un cañón principal de 127 mm y misiles de crucero estratégicos hipersónicos, el buque representa un avance tecnológico que los analistas occidentales no habían anticipado. Las imágenes satelitales y los informes de medios estatales confirman que no es una maqueta. Se trata de una plataforma con capacidad de ataque terrestre de largo alcance, lo que amplía el radio de amenaza convencional más allá de la península.
Una década de progreso imparable
El recorrido armamentístico norcoreano es constante. Desde 2012, cuando lanzaron su tercer satélite (con cohete Unha-3, variante de misil intercontinental), hasta el misil Hwasong-14 en 2017, capaz de alcanzar 10.000 km. En 2015 probaron su primer SLBM (misil balístico submarino) y en 2017 un misil de combustible sólido Pukguksong-2, que puede lanzarse sin preparación previa. A esto se suman los lanzacohetes múltiples de 600 mm con alcance extendido y los obuses autopropulsados de 155 mm. La cadencia de pruebas sugiere una industrialización del arsenal nuclear.
El debate sobre la capacidad real
Mientras unos sostienen que Corea del Norte ha alcanzado un nivel de disuasión creíble, otros señalan que muchas plataformas son adaptaciones de diseños obsoletos. Por ejemplo, el «submarino de ataque nuclear» es en realidad un viejo clase Romeo soviético modificado para portar armas nucleares, no un verdadero submarino nuclear. Además, la precisión de los misiles sigue siendo dudosa y la capacidad de supervivencia de su flota, limitada. Sin embargo, la acumulación cuantitativa es abrumadora: el Ejército Popular de Corea cuenta con más de un millón de efectivos activos y hasta 8,5 millones de reservistas. Ante una invasión, como apuntan algunos análisis, la opción de un ataque nuclear masivo contra Seúl —donde viven 10 millones de personas— no sería descartable.
El contexto geopolítico: la alianza con Rusia
Un factor que ha cambiado el tablero es la coincidencia de objetivos entre Corea del Norte y Rusia. La guerra en Ucrania ha reforzado la cooperación técnica y militar. Pyongyang habría enviado soldados e ingenieros al frente ucraniano, y a cambio recibe tecnología que acelera su programa. Esta alianza estratégica multiplica la capacidad de presión sobre EE.UU. y sus aliados asiáticos.
Lo que viene: ¿una guerra inevitable?
Kim Jong Un ha declarado que «ha pasado la época en que nuestros enemigos podían chantajearnos con bombas». Los ejercicios de contraataque nuclear se han vuelto rutinarios. Sin embargo, el coste de una guerra sería catastrófico para ambas Coreas. El dilema sigue abierto: el régimen norcoreano ha logrado que la disuasión sea creíble, pero el camino hacia la desnuclearización parece, a día de hoy, un espejismo.