Sánchez, ¿enemigo de Europa? El relato que gana en Bruselas
¿Es Pedro Sánchez el líder más incómodo para la Unión Europea en este momento? Lo cierto es que en los corrillos de Bruselas y en algunas capitales europeas ya se le señala como un elemento disruptivo. No es un rumor de tertulia: medios de varios países han recogido la creciente tensión entre el presidente español y la Comisión, especialmente por su deriva en política económica y social.
La narrativa que se abre paso pinta a Sánchez como un gobernante que prioriza pactos con fuerzas radicales y experimentos sociales antes que la estabilidad fiscal y las reformas estructurales que Bruselas exige. El último informe de la Comisión apuntaba a desequilibrios macroeconómicos en España, y en varias capitales se considera que el discurso de Moncloa choca frontalmente con la ortodoxia europea.
Hay quien lo interpreta como una simple maniobra de desgaste político: la derecha europea necesitaría un villano para justificar su propia agenda, y el presidente español encaja a la perfección. Sin embargo, el dato de fondo es que los diferenciales de la deuda española respecto al bund alemán se han ampliado, y que las críticas no vienen solo de la oposición doméstica, sino de instituciones que miden el riesgo país.
En este clima, cualquier movimiento de Sánchez en Bruselas es observado con lupa, desde su defensa de la ampliación de la UE hasta su alianza con el sur frente al eje franco-alemán. La pregunta del millón es si esta desconfianza es pasajera o si marca un nuevo ciclo de relaciones. Por ahora, el que fuera el alumno aplicado del PSOE europeo se ha convertido en ese socio incómodo del que todos hablan pero nadie quiere llamar enemigo. Aunque, seamos sinceros, cuando en los pasillos te llaman "el problema de Europa", algo está cambiando.