La odisea de un disco de 2010 hasta la radio de Stanford
El disco se publicó en 2010, se subió a Jamendo y YouTube, y durante años no ocurrió nada. Hasta que un DJ de la radio de Stanford, conocido como The Last Dinosaur, lo descubrió y lo programó cuatro veces. Una de ellas, un tema de casi nueve minutos, se emitió entero pese a existir una versión editada de menos de cuatro. Nadie en el equipo del músico lo esperaba.
Una emisora selecta y un corte extenso
La radio de la Universidad de Stanford no es una emisora comercial. Su programación incluye jazz rock, rock clásico y música poco accesible para los grandes públicos. El propio músico explicó que solo conocía al DJ de un programa de madrugada, y que este le había prometido grabar su disco en un CD y colocarlo en el “A-List shelf”, el estante de las recomendaciones. Días después, el autor descubrió que su música había sonado cuatro veces en antena, y que el tema más largo, de casi nueve minutos, se había emitido completo, sin recurrir a la versión resumida de menos de cuatro.
Un disco que se resiste a morir
“Collapsing Realities – Atrocious Forms of Hapiness” es un álbum de post-punk e indie con influencias de rock progresivo y música clásica, grabado en 2010. El autor, que se define como un punkarra sensible y romántico, compuso un tema más para un segundo disco a finales de aquel año o principios de 2011, y luego desapareció del mapa. El álbum quedó colgado en plataformas como Jamendo y YouTube, donde cualquiera podía encontrarlo. Eso es exactamente lo que debió hacer el DJ de Stanford, sin ninguna campaña de marketing ni sello detrás.
Producción cuestionada, respeto en el underground
El disco no escapa a las críticas. Entre los comentarios que circulan, hay quien lo llama “temazo” de forma rendida, y quien considera que “Nemia” está a la altura de bandas prestigiosas. Pero también se señala la “producción atroz” en la parte instrumental de “Theater of Shame”, y el propio autor reconoce que regrabaría, remezclaría y remasterizaría el álbum entero, reharía de principio a fin el último corte y quitaría la mayoría de arreglos mediocres del tercero. Que una emisora universitaria decidiera emitir ese material de madrugada, a pesar de la producción casera, no deja de ser una pequeña victoria para la música sin algoritmo.
El dato que descoloca
El músico no ha grabado nada desde aquel intento de segundo disco. Ha pasado más de una década y, sin embargo, su música ha cruzado el océano y ha sonado en una de las universidades más prestigiosas del mundo. Nadie puede explicar del todo esa trayectoria con los parámetros de la industria. Quizá sea la única forma de que ciertas canciones encuentren su público: sin fecha de caducidad, sin algoritmo, y con un DJ insomne con buen gusto.