En España, el café con el jefe vale más que el currículum
Afirmación tajante: en el mercado laboral español, la competencia técnica es un adorno cuando se carece de contactos o labia. No es que las habilidades sociales no importen —claro que importan—, pero en España se han convertido, según numerosos testimonios, en el requisito casi único para prosperar, por encima de cualquier destreza profesional.
Una anécdota lo resume: a una empleada le asignaron un punto en su bonus por ir a tomar café con el jefe de ventas. No por cerrar un trato, sino por la sociabilidad pura. Otro profesional confiesa que inscribe a sus hijos en el colegio más caro no por la calidad educativa, sino por la agenda de contactos que obtendrán. La percepción general es que el “lameculismo” —la adulación sistemática a los superiores— y la pertenencia a redes informales pesan más que la valía técnica.
Con tales incentivos, no extraña que los más productivos acaben desmotivados. La meritocracia, ese mito nórdico, choca de frente con la realidad del enchufe y el café. Mientras las empresas no alineen recompensas con desempeño real, seguirá siendo más rentable ser un gran relaciones públicas que un trabajador excelente.