Suiza y la paguita: la fantasía de emigrar para no trabajar
Hace 257 días, un trabajador en Sapporo planteaba un plan: emigrar a Suiza, aguantar tres años y vivir del asistencialismo. La pregunta no era teórica: llevaba dos empleos, tres si se contaban los sábados, y estaba harto. Suiza, Noruega o Alemania se le antojaban el lugar donde la red social paga por no hacer nada. La realidad, como suele ocurrir, va por otro lado.
El plan de los tres años y la residencia permanente
La propuesta concreta era sencilla sobre el papel: trabajar en Suiza durante tres años, obtener el visado permanente y, a partir de ahí, solicitar prestaciones. El problema es que el sistema asistencial suizo (Sozialhilfe) no es una renta universal para recién llegados. Exige residencia legal, carencia de recursos y no está pensado para quien decide dejar de trabajar. Además, el permiso de residencia está ligado a la actividad laboral y a la cotización. Dejar el empleo justo después del visado es una vía directa a la revisión del permiso.
Hartz IV, Reino Unido y el espejismo de la paguita fácil
En Alemania, el sistema se llama ahora Bürgergeld (antes Hartz IV) y también tiene condiciones de acceso que excluyen a quien no ha cotizado. En Reino Unido, los beneficios públicos están restringidos para españoles sin estatus de residencia asentado. Ese plan, en cualquier caso, chocó con el escepticismo: sin hijos a cargo, las ayudas son mucho más difíciles de obtener, y la burocracia de registro es espesa.
El autor del plan terminó por no probarlo. Un año después, contaba que había emigrado a Japón por pura casualidad, donde seguía trabajando, aunque con más autonomía. La fantasía de vivir de paguitas en la Suiza opulenta quedó donde estaba: sin aplicar.