Forata: la CHJ abrió los aliviaderos; el alcalde de Algemesí niega haber recibido el aviso
Según el relato con el que arranca el debate, el 29 de octubre el agua entró en Algemesí como una ola, no como una crecida. La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) confirmó semanas después que abrió los aliviaderos de la presa de Forata y aseguró que avisó a Protección Civil. El alcalde del municipio, José Javier Sanchis, sostiene lo contrario: «Nadie me avisó que se iba a liberar agua del pantano de Forata». Entre las dos versiones hay un pueblo entero bajo el agua, un río —el Magro— que pasa muy cerca del casco urbano y una pregunta que sigue sin respuesta oficial: qué parte de la riada bajó de la presa y qué parte cayó del cielo.
El aviso que, según el alcalde, nunca llegó al ayuntamiento de Algemesí
Sanchis sostiene que no hubo comunicación formal alguna. La única llamada que reconoce llegó
alrededor de las cuatro y media de la tarde desde la Delegación de Gobierno de la Comunidad Valenciana. Le preguntaron cómo estaba el municipio y le indicaron que seguían unas lluvias en las aguas altas del río, que podían cargar mucho el caudal. Ahí el alcalde preguntó si debía preocuparse o dar aviso a sus vecinos. La respuesta fue que por el momento no, que se tenían que reunir y que ya le informarían.
No volvieron a llamar. «Nadie me llamó, no recibimos nada ni yo ni la central de policía local de Algemesí», añade el regidor. Ese es el núcleo del conflicto: una administración asegura haber avisado a Protección Civil y el primer interesado dice que se enteró por el agua.
Un aviso que llega cuando ya tienes el agua en el salón no es un aviso.¿Por qué la presa de Forata afecta a Algemesí?
Porque el desembalse no baja por el barranco del Poyo. Baja por el Magro. Lo explicaba el propio alcalde: la liberación de agua de Forata «no afecta al barranco del Poyo, pero sí afecta directamente al río Magro, que pasa muy cerca de Algemesí». Ese es el eje de todo el asunto y, a la vez, el punto donde las posturas se parten.
Hay una línea de análisis que insiste en la separación de cuencas: el agua de Forata discurre hacia la Albufera o el mar en paralelo al agua que arrastra el Poyo en una riada, y no confluyen. De ahí se deduce que culpar a la presa de lo ocurrido en otras zonas es un error de bulto. La réplica es igual de tajante: confluyen por desborde, y desbordarse fue precisamente lo que pasó. Nadie discute el reguero: el Magro anegó L'Alcudia, Catadau, Alginet y Algemesí, y en esos municipios también murió gente que no esperaba una crecida repentina.
Refuerza esa sospecha un dato que se repite entre los participantes:
el Magro ya se había desbordado en Utiel a las doce del mediodía. Si el río ya venía cargado por arriba, el margen de reacción aguas abajo era el que era. O ninguno.
Caudal, compuertas y unas gráficas que desaparecieron
Una de las corrientes del debate se apoya en una cifra que repite un participante:
100.000 litros por segundo saliendo por las compuertas, más lo que rebasó por encima. Sobre esa base se construye la acusación más repetida: que el embalse se fue llenando y que las compuertas se abrieron de golpe, generando un frente de agua que bajó como un tsunami. Se mencionan gráficas oficiales que mostraban exactamente esa secuencia y que habrían desaparecido de la web de la que se tomaron. Que un gráfico de un organismo público se esfume no demuestra nada por sí solo. Tampoco ayuda.
Conviene separar el dato del relato. Una parte del análisis sostiene que la maniobra se puede anticipar: con seguimiento de radar se estima el agua que va a recoger un embalse antes de que el volumen suba de forma significativa, lo que permite desaguar antes y laminar el pico. Si eso no se hizo, el problema deja de ser meteorológico y pasa a ser de gestión. El desglose de caudales minuto a minuto que maneja esa corriente es, para quienes la defienden, lo más incómodo de rebatir.
Seguridad Nacional, el comité de crisis y una ministra en Bruselas
Aquí el asunto deja de ser hidráulico. Según lo publicado, Seguridad Nacional avisó a La Moncloa
doce horas antes de la DANA de «tormentas muy fuertes». La noche del martes se reunió un comité de crisis en Moncloa con Bolaños, Robles, Marlaska, Ribera y la delegada del Gobierno en Valencia, en el que se asumió la coordinación de la respuesta y la asistencia. Después se adujo que hacía falta una petición para actuar. PP y Vox consideran grave que el presidente no se moviera con esa información sobre la mesa.
La CHJ cuelga del Ministerio para la Transición Ecológica de Teresa Ribera. En este asunto se le reprocha su ausencia —tres semanas en Bruselas y ninguna visita a la zona— y se sostiene que la Confederación dejó fuera de las reuniones de ese día a la Generalitat. Todo esto se formula como acusación política, no como hecho probado.
El frente judicial: querellas y un informe en Bruselas
La formación Iustitia Europa ha ampliado su querella contra Teresa Ribera por su gestión de la DANA. Ya había presentado una inicial contra Pedro Sánchez y Fernando Grande-Marlaska. Se apunta también a un informe de la Guardia Civil que habría llegado a Bruselas describiendo datos omitidos. Y hay un dato de procedimiento que se repite:
siete horas de declaración ante la jueza que instruye el caso por parte de la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, en una comparecencia que, según esa lectura, habría acabado reforzando la posición política de la Generalitat en lugar de debilitarla.
Sobre el juzgado se han publicado además acusaciones cruzadas: que el marido de la magistrada habría interrogado a testigos sin habilitación legal, y que se abrió una pieza separada contra un abogado defensor por preguntar precisamente por ese extremo. Son afirmaciones difundidas sin resolución que las respalde, y se quedan en el terreno de la sospecha.
Dónde se atasca el análisis
Con los elementos disponibles no hay forma de cerrar la pregunta inicial. Nadie ha publicado un desglose que separe el agua que llegó a Algemesí por el Magro de la que llegó por desborde del Poyo, y sin ese número cualquier discusión sobre la presa se mueve en el aire. La CHJ dice que avisó. El alcalde dice que nadie le llamó. Las dos cosas no pueden ser verdad a la vez, y ninguna administración ha puesto encima de la mesa la traza de las comunicaciones de esa tarde. Ahí sigue el asunto, con querellas en marcha y con el reloj corriendo.