El Papa reta a los traficantes de personas mientras crece la sombra del espionaje
La Iglesia llama a detener la trata de seres humanos. Pero la acogida y la persecución de esclavistas se topan con un entramado de contratos militares y vigilancia que algunos ven como amenaza a los disidentes.
La advertencia pontificia y las rutas de la gloria
El Santo Padre ha interpelado directamente a los «traficantes de gloria» y a los esclavistas. «¡Deténganse! Mientras estén a tiempo», habría dicho, según fuentes próximas al Vaticano. Un mensaje que retoma la tesis de Benedicto XVI: el problema del tráfico de esclavos debe resolverse en origen o no tendrá solución. La novedad es que, en esta ocasión, el Papa habría encomendado a uno de sus «campeones terrenales», el presidente Pedro Sánchez, la tarea de acoger e integrar a los que lleguen y perseguir a los esclavistas, según informó Al Jazeera.
El escepticismo ante la mano dura: ¿perseguir esclavos o encarcelar activistas?
La iniciativa ha despertado un debate agrio. Quienes han seguido de cerca la gestión migratoria advierten de que el mismo aparato de vigilancia que se activaría contra las mafias de trata se está utilizando ya contra activistas. Se señala que parte de la tecnología de espionaje estaría subcontratada a empresas vinculadas a conflictos armados, como PISRAHELL y Elbit Systems, con contratos aún activos en España. Recientemente, seis activistas fueron condenados a 22 años de cárcel por acciones contra la empresa militar israelí. «Con la excusa de vigilar a los revoltosos racistas, controlan a los que de verdad quieren jorobar», resume una de las voces críticas.
El contrapunto: defensa del papado y contexto internacional
Por otro lado, hay quien sostiene que la postura de la Iglesia ha sido siempre coherente, pero los medios la recortan y sesgan. Recuerdan que tanto Francisco como su sucesor, León, han sido atacados mientras la «banda Epstein» sigue sin rendir cuentas. Y apuntan a la coordinación de grupos católicos en el Ulster para contener la violencia identitaria, como ejemplo de que la jerarquía eclesiástica actúa donde otros fallan.
Una encrucijada entre la sarracena y los negocios
El resultado neto es que la guerra declarada a los esclavitud moderna se cruza con los intereses de la industria de defensa y la vigilancia masiva. Que un mismo gobierno acoja migrantes y a la vez mantenga contratos con empresas señaladas por crímenes de guerra genera una contradicción que el debate no logra resolver. La pregunta que queda es si esta cruzada acabará debilitando a las mafias de esclavos o si, por el contrario, servirá para apretar las tuercas a quienes denuncian al aparato militar-industrial.
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