El propietario de 3 o más viviendas no podrá desahuciar al inquilino que no pague
El anuncio ha caído como una bomba en el mercado del alquiler. La propuesta, que se ha conocido esta semana y que volverá a discutirse en septiembre, plantea que los propietarios de tres o más viviendas no puedan desahuciar a un inquilino que deje de pagar. La medida, según el análisis de los datos disponibles, pretende frenar los desahucios en zonas tensionadas, pero el efecto colateral que se dibuja es otro: muchos pequeños propietarios que complementan su pensión con un piso heredado quedarían atrapados sin poder recuperar su vivienda.
El lío de contar viviendas: ¿garajes incluidos?
Una de las primeras preguntas que surge es cómo se cuentan las viviendas. ¿Se incluye la vivienda habitual? ¿Y las plazas de garaje? El debate está servido, porque si se computa cada propiedad registral, un piso con su garaje podría convertir a un pequeño ahorrador en "multipropietario" sin pretenderlo. La diferencia no es menor: el umbral de tres viviendas separa al que puede ser desahuciado del que no.
Los expertos consultados señalan que, en la práctica, la vivienda habitual quedaría exenta, pero el pequeño propietario que alquila una vivienda heredada para pagar su residencia seguiría en el mismo limbo. Y ahí surge la paradoja: el que tiene 3 o más viviendas no suele ser el pequeño ahorrador, sino el que ya está estructurado, con asesoría o con una sociedad limitada. Para ese, la ley será papel mojado: podrá seguir desahuciando por la vía penal por usurpación o simplemente no alquilará a según quién.
Inquilinos que deciden no pagar: el riesgo de la morosidad legalizada
Otra corriente de análisis advierte del efecto llamada: si un inquilino sabe que su casero no puede desahuciarle, ¿qué le impide dejar de pagar? La pregunta no es retórica. Algunos cálculos apuntan a que bastaría con superar los tres inmuebles para quedar blindado, y eso podría incentivar la morosidad estratégica. No es difícil imaginar al inquilino que decide que pagar es opcional cuando el propietario no tiene herramientas legales para recuperar su propiedad.
La respuesta del mercado no se ha hecho esperar. Los propietarios de tres o más viviendas ya están mirando al alquiler turístico como vía de escape. Si no pueden desahuciar, no alquilan en el mercado tradicional. El resultado sería justo el contrario del buscado: menos oferta de alquiler residencial y más presión sobre los precios. Cuando te conviertes en indesahuciable, te conviertes en inalquilable, resumen algunos analistas.
El Estado como especulador y el fantasma de Chipre
En el debate subyace una desconfianza de fondo hacia el Estado, al que muchos ven como el primer especulador: cobra al que vende, al que compra, al que reforma, al que hereda. Y ahora, con esta medida, se le añade el papel de árbitro que decide quién puede recuperar su propiedad y quién no. La referencia histórica que algunos sacan a relucir es Chipre: en 2013, el rescate financiero incluyó una quita a los depósitos bancarios, rompiendo el tabú de que los ahorros estaban garantizados. La analogía es clara: cuando el Estado necesita dinero, las reglas cambian para quedarse con lo que es tuyo.
Datos que no cuadran: ¿bajan o suben los alquileres?
Mientras tanto, la guerra de cifras sigue abierta. Los datos oficiales hablan de caídas del 16% y del 22% en los alquileres de Barcelona y Madrid, pero quienes viven el mercado no se lo creen. Los anuncios se llenan de cientos de candidatos que suplican por una vivienda, y lo poco que hay se alquila en una semana. La brecha entre la estadística y la calle es tan grande que algunos ya hablan de periodismo anumérico o de manipulación interesada. Lo cierto es que, a fecha de esta discusión, nadie ha conseguido conciliar esos números con la experiencia de quienes buscan piso.
El análisis se queda aquí, en el punto donde el consenso se rompe. La medida, si se aprueba, promete litigios, más inseguridad jurídica y una huida del alquiler tradicional que agravará el problema que dice resolver. Pero mientras tanto, el inquilino que no paga y el propietario que no puede desahuciar miran el calendario: septiembre vuelve a ser la fecha clave.