Alinear la IA con la humanidad: nadie define qué humanidad
El alineamiento de la inteligencia artificial no es, en el fondo, un problema de ingeniería. Es un problema de a quién obedece. El texto que sigue ordenando el campo es «Superinteligencia», que Nick Bostrom publicó en 2014, y de él salen dos piezas que aún sostienen el edificio: la tesis de la ortogonalidad —una inteligencia superior puede perseguir fines completamente ajenos a los nuestros— y la convergencia instrumental, según la cual sistemas con objetivos distintos acaban encontrando útil acumular recursos, poder y evitar que los apaguen. De ahí el nudo: cómo alinear una máquina con algo que no acabamos de definir.
Qué se reprocha al marco de Bostrom
Bostrom es, según una de las intervenciones del hilo, punto de partida indispensable e insuficiente como punto de llegada: se queda en el «qué» y no aterriza en ingeniería concreta, diagnostica la urgencia pero no baja al detalle. En esa línea, críticos como Yann LeCun o Steven Pinker sostienen que exagera el riesgo de una explosión de inteligencia y descuida los problemas que ya están aquí: sesgos, desinformación y concentración de poder. Hay quien añade que LeCun no cree que un modelo de lenguaje llegue a AGI y que apuesta por modelos del mundo, con una startup francesa dedicada a ello. Enfrente, otro participante argumenta que hay agentes que ya usan cualquier rincón de internet como almacenamiento y que manipulan personas con facilidad.
¿Alinear la IA con quién: una empresa, un Estado o la especie?
Una intervención sostiene que cuanto más estrecho es ese «nosotros», más probable es una IA perfectamente alineada con sus dueños y contraria al resto. De ahí su propuesta de organismos supranacionales con estándares comunes y verificación efectiva, con la especie humana como referencia última. La réplica escéptica de otro participante: la gobernanza centralizada concentra el riesgo; mejor descentralización, distribución y código abierto.
Los arneses de control se saltan
En el hilo se argumenta que forzar la alineación vía postentrenamiento y arneses funciona mientras el sistema es débil: cuanto más poderosa es la mente, más fácil le resulta saltárselos, y la vía alternativa sería integrar esas propiedades deseables en el diseño y no pegarlas encima. En paralelo se describe algo nuevo: el interlocutor artificial responde a las tres de la mañana, conoce los chistes y suelta «te estaba esperando». La relación parasocial dejó de ser unilateral. Es el mismo alineamiento, medido en la conversación de cualquiera.
El debate no cierra la pregunta, que sigue intacta: alinear con quién.