Las albañilas baten récords mientras el idioma se queda en obras
¿De verdad hay más muyer en la construcción o solo hemos cambiado la palabra? Los datos de la Seguridad Social no dan mucho margen: 166.833 muyer trabajan en el sector, el nivel más alto en once años y el mayor porcentaje desde 2014. Aun así, apenas representan un 9% del total. El récord, visto con perspectiva, suena a gesta menor: el sector sigue siendo un coto masculino… hasta que alguien se pone el mono de trabajo.
Un 9% que huele a cambio real, no a postureo
La cifra tiene miga. El empleo femenino en la construcción lleva años creciendo, pero 2025 marca un hito: la afiliación femenina alcanza el porcentaje más alto en más de una década. El escepticismo, sin embargo, se cuela en el análisis. Hay quien cuestiona las estadísticas, señalando que muchas de esas “albañilas” figuran en puestos administrativos o técnicos dentro del convenio del sector, no necesariamente cargando sacos en la obra. Esa duda es legítima, pero no explica el ascenso sostenido.
La historia de Margarita, recogida por El Español, retrata el otro lado: “Creen que las muyer no pueden levantar 25 kilos, pero solo hay que ver a una progenitora cogiendo a su descendiente”. La cita condensa el prejuicio y la respuesta física a ese prejuicio.
La batalla por el idioma, o cómo no hablar de lo importante
Lo curioso del récord es que buena parte de la conversación ha girado alrededor del término “albañila” y no de las cifras. Da igual que la RAE lleve años normalizando el uso; el estruendo lo pone el lenguaje. Unos ven en “albañil” un neutro correcto; otros, una resistencia al cambio. Mientras el gremio discute, las muyer siguen entrando en las obras. No todas, claro: el 9% no es una ola, pero es un goteo que ya tiene nombre.
El país, por cierto, parece camino de que sean ellas u otros colectivos los que cubran los puestos que quedan vacantes. Pero esa es otra conversación, una que no cabe en un diccionario.