España, el nuevo paraíso europeo del turismo sadomasoquista
En un pueblo de Almería, una mansión con mazmorra equipada recibe huéspedes llegados de Zúrich, Fráncfort o París. No es una fantasía: es el retrato que El Mundo publicó el 30 de agosto de 2026 sobre un negocio discreto que ha encontrado en el sur de España y Baleares su mejor escaparate.
Según el reportaje de Rebeca Yanke, en la última década han brotado mansiones con mazmorras en la costa andaluza y hoteles especializados en BDSM en las Islas Baleares. El perfil del cliente, internacional: alemanes, franceses, suizos y norteamericanos. La clave, el anonimato. “El estigma persiste y la gente busca máxima discreción”, resume el artículo.
Un nicho difícil de medir pero con dinero real
El sexo mueve mucho dinero, y el sadomasoquismo de lujo es una de sus ramas más opacas. No hay cifras oficiales, pero la proliferación de establecimientos sugiere que la demanda extranjera sostiene el negocio. Algunos análisis, sin embargo, matizan el título de “paraíso”: en Alemania o Reino Unido la cultura BDSM es más grande y salvaje que en España. Lo que sí parece claro es que aquí se ofrece sol, discreción y una escenografía que recuerda a los bares temáticos de ingleses en Magaluf: un producto para el turista, no para el local.
La cuestión no es solo sociológica. Si el turismo de nicho se consolida como argumento, hablamos de inversión inmobiliaria, empleo especializado y un flujo de visitantes de alto poder adquisitivo en zonas que no siempre tienen otras alternativas. Lo que no se sabe es cuánto factura una noche en una de estas mansiones: el reportaje no da precios, pero el simple hecho de que el sector exista sin publicidad es un dato en sí mismo.