Incendios en España: el factor humano los multiplicó por 20
Las llamas que arrasaron el centro peninsular no fueron una casualidad meteorológica. Un análisis de atribución climática publicado esta semana sostiene que el calentamiento de origen humano multiplicó por veinte las condiciones que hicieron posible aquel infierno. Dicho sin rodeos: lo que antes era un evento raro, ahora es veinte veces más probable.
La autora del estudio, Friederike Otto, climatóloga del Imperial College de Londres, es directa: “Estamos presenciando otro desastre más provocado por el mismo factor: la quema de combustibles fósiles”. No es una opinión, es la conclusión de un análisis que compara el mundo actual con el preindustrial. Y el contraste regional añade un matiz que pocos esperaban: en el suroeste de Francia, la probabilidad de esta magnitud de incendio solo se ha duplicado. La península ibérica, en cambio, se lleva la peor parte.
Entre tanto, en los mentideros digitales, la respuesta no ha sido precisamente científica. La negación se mezcla con el sarcasmo, y el debate público demuestra que el problema ya no es solo meteorológico. Es también de comprensión. La factura del clima extremo se reparte de forma desigual, y la capacidad de asumirlo también.