Asturias envejece y el 'sarracinismo' aterriza en el debate económico
Asturias, con apenas un millón de habitantes y la mitad de ellos jubilados, es uno de los territorios más envejecidos de España. En los últimos días, un término ha irrumpido en la discusión pública: el «sarracinismo», que en el plano económico se traduce en la percepción de que la inmigración reciente no busca trabajo sino vivir de prestaciones. A diferencia de otras regiones, donde el discurso se matiza con la necesidad de mano de obra agrícola o de cuidados, en Asturias no hay tal coartada: «Vienen a parasitar y a vivir de paguitas», resume un análisis recurrente.
Demografía contra relato
Los números cantan. Con una tasa de dependencia disparada y una plantilla activa menguante, la región necesita rejuvenecerse. Sin embargo, el relato oficial que insiste en la necesidad de inmigración para sostener el estado de bienestar choca con la experiencia cotidiana de barrios donde proliferan centros islámicos y rezos colectivos en colegios públicos, como describe un residente. La tensión entre necesidad demográfica y rechazo social está servida.
¿Parásitos o solución?
Dos corrientes chocan. Una sostiene que la inmigración actual es una carga neta para las arcas públicas: consume paguitas sin cotizar. La otra, más optimista, apunta a que sin llegadas el sistema de pensiones colapsa. Ambas carecen de datos precisos de coste real. Lo que sí está claro es que, en Asturias, el debate ha dejado de ser abstracto: la mezquita de al lado y las decenas de rezos en el patio del cole lo han vuelto concreto.
El dilema está sobre la mesa. Si la solución es económica o identitaria, nadie lo tiene claro. Pero la discusión acaba de empezar.
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