La burbuja de la IA que quema miles de millones antes de colapsar
Ed Zitron lleva meses repitiendo lo que Silicon Valley no quiere oír: la inteligencia artificial no es una revolución industrial, es una burbuja financiada con deuda y expectativas. El crítico británico —anfitrión del podcast Better Offline, con más de un millón de descargas mensuales, y autor del boletín Where's Your Ed At— sostiene que OpenAI podría ser «el Lehman Brothers» del sector. Su próximo libro, «The Hater's Guide To Silicon Valley», llega en el segundo trimestre de 2027. La pregunta es si para entonces quedará algo que contar.
Qué sostiene el crítico que acusa a la IA de ser un espejismo
El diagnóstico de Zitron, lanzado desde su firma de investigación EZPR, es que OpenAI y Anthropic queman miles de millones sin retorno visible, que el auge es en buena parte falso y que el pinchazo no se quedará dentro del sector tecnológico. Habla de arrastrar a toda la economía.
La parte incómoda es que al otro lado del ring no hay consignas, hay cifras. Se apunta que Anthropic habría cerrado algún mes o trimestre en beneficios; con la contabilidad desglosada delante, nadie ha confirmado todavía con qué trucos de calendario. Mientras tanto, el precio de la IA ya cotiza como si el futuro estuviera firmado.
Los balances que desmienten la burbuja: pedidos hasta 2031
El argumento más molesto para los agoreros no sale de un folleto comercial. Sale del libro de pedidos. Nvidia, Seagate, SanDisk y Micron acumulan compromisos de producción con topes marcados hasta 2031, según el seguimiento de balances de semiconductores y memorias. Traducción rápida: la demanda de componentes para centros de datos no se agota el año que viene.
El jueves, Oracle volvió a batir expectativas, amortizando su inversión con el retorno de sus clientes en sus propios data centers y con previsiones de crecimiento de dos dígitos. Y los múltiplos de Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta, Apple, Micron, Western Digital o Broadcom no son los de una empresa en barrena: varias están liquidando deuda de largo plazo que arrastraban desde hacía años.
Órdenes de compra futura: el vestidito nuevo de 2008
El paralelo que más se repite no es con las punto com, sino con 2008. Los datos del ladrillo en 2006 y 2007 eran igual de espectaculares, y salían de la misma cocina: antes se llamaba colateralización de activos y riesgo distribuido; ahora se llama órdenes de compra futura. La estructura aguanta mientras nadie toque el palo que la sostiene.
La sospecha de fondo es de economía circular: unas tecnológicas comprándose capacidad a otras para inflar resultados, endeudándose cada vez más y pidiendo que el Estado avale los préstamos de sus megadatacentros. Puro hype, en esa lectura, con poca base de negocio real detrás.
El escenario que gana peso no es el apocalipsis, sino el rerating: una vuelta a valoraciones lógicas que se lleva por delante la mitad de la capitalización. La otra mitad se juega el día que algún jugador tenga que cerrar la persiana. Sobre los pedidos hasta 2031 no discute nadie. Sobre si esa demanda sobrevive a la primera quiebra, tampoco se moja nadie.