El gobierno militariza la vigilancia forestal: ¿solución o cortina de humo?
El Gobierno ha anunciado un paquete de medidas sin precedentes contra los incendios forestales: sacar al Ejército a vigilar los montes, triplicar la flota de hidroaviones y helicópteros, y hasta introducir grandes rumiantes para limpiar pasto. El plan, bautizado como «Pacto Antiincendios», incluye también drones con infrarrojos, vigilancia nocturna y un buzón activo para que los pueblos aporten ideas. Suena a movilización total. Pero, ¿a qué precio y con qué eficacia real?
La propuesta más polémica es el despliegue militar en zonas forestales durante el verano. La intención es proteger los espacios naturales de lo que el comunicado oficial denomina «terroristas medioambientales». Quienes apoyan la medida recuerdan que la mayoría de los fuegos son provocados —un hecho que nadie discute— y que la disuasión funciona. Sin embargo, las voces críticas señalan que el Ejército no está entrenado para labores de vigilancia forestal y que su presencia puede generar tensiones con los vecinos. Otros van más allá: «No hay que tocar ni una hoja del suelo del bosque, lo único que hace falta es pena de muerte para los incendiarios», resume una postura maximalista que choca con la de quienes piden más gestión forestal y menos golpes de efecto.
El plan incluye partidas económicas considerables: triplicar el número de aviones y helicópteros disponibles, mejorar cortafuegos y crear nuevos puntos de abastecimiento. También se permitirá a los vecinos recoger ramas y elementos combustibles, una vieja reivindicación del mundo rural. La introducción de grandes rumiantes para eliminar pasto es una medida ecológica que ya se ha ensayado en otras regiones. Pero la pregunta que flota es si todo esto no es más que un anuncio electoralista, una cortina de humo para tapar recortes previos o falta de planificación.
Con estos mimbres, el debate está servido. Mientras unos ven un Gobierno que por fin toma medidas en serio —«así es como un Gobierno con luces gestionaría estas crisis», se defiende—, otros sospechan que el despliegue militar es un parche que no ataca las causas profundas: la despoblación, la falta de gestión forestal y, sobre todo, la impunidad de los pirómanos. Si el Pacto Antiincendios se queda en titulares y no en realidades sobre el terreno, el próximo verano volveremos a ver las mismas imágenes de humo y ceniza.