La serie argentina que supera a The Last of Us sin wokismo
Una serie argentina de ciencia ficción, basada en un cómic de 1958, está cosechando mejores críticas que la superproducción de HBO The Last of Us. El motivo no es solo nostalgia: El Eternauta demuestra que se puede hacer buen género sin forzar agendas.
Un cómic adelantado a su tiempo
El Eternauta fue creado por Germán Oesterheld en 1958, un cómic de ciencia ficción que ya planteaba una invasión alienígena y una supervivencia coral, anticipándose a Mad Max y La noche de los muertos vivientes. Oesterheld, peronista y desaparecido por la dictadura, imbuyó la obra de un trasfondo político que la serie de Netflix ha sabido conservar sin caer en panfletos. La historia original ya exploraba la colaboración con el invasor y la resistencia civil, temas que resuenan hoy.
Seis episodios que barren a The Last of Us
La serie cuenta con solo 6 episodios, pero su densidad narrativa y su enfoque en personajes corrientes –gente normal, no superhéroes– la hacen más creíble. La falta de "wokismo" es destacada por la crítica: no hay mujeres empoderadas artificialmente ni diversidad forzada. La producción argentina ha usado tecnología de vanguardia, como la pantalla de fondo de The Mandalorian, y 2500 extras para recrear Buenos Aires nevada. Además, el detalle de que la electrónica no funciona obliga a usar vehículos antiguos, un guiño coherente que muchos espectadores aprecian.
La espina del acento y la comparación
El principal defecto señalado es el acento porteño, que obliga a algunos espectadores a usar subtítulos. Pero la serie está doblada a varios idiomas, aunque la traducción al inglés pierde matices. La comparación con The Last of Us es inevitable, y la mayoría de análisis concluyen que El Eternauta es superior por su realismo emocional y su ausencia de agenda ideológica. La segunda temporada, de 8 capítulos, se espera para finales de 2026 o principios de 2027, según fuentes cercanas a la producción.
Mientras la industria española sigue produciendo series con actores susurrantes y moralina progre, Argentina demuestra que con talento, un buen guion y cero prejuicios se puede competir con Hollywood. O quizá es que la ruina despierta el ingenio.
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