El embudo que deja sin pareja a tanta mujer titulada
Cuanto más se forma una mujer, más se estrecha el círculo de candidatos que considera a su altura. No porque falten hombres, sino por el filtro. Un análisis sobre el llamado déficit masculino —hay más mujeres tituladas que hombres de nivel equivalente— disparó una discusión que osciló entre la burla y el cálculo: desde la certeza de que ligar «es facilísimo» con un grado en el bolsillo hasta la tesis de que el mercado de citas se concentra en una minoría. La paradoja de fondo se sostiene: se celebran más graduadas que graduados y, al mismo tiempo, se certifica que faltan parejas posibles.
Qué apunta el estudio sobre el mercado matrimonial
La investigación que vertebra el asunto la firma Maike van Damme, socióloga especializada en familia y mercado matrimonial. Su tesis, según quienes la citan: si hay más tituladas que titulados, faltan parejas por definición cuando el listón académico no baja. La noticia que se maneja habla de un 30% de mujeres en esa situación. La deducción irónica —presentarse con una fotocopia compulsada del título para conquistar por la calle— sirvió de dardo contra el relato oficial, pero el trasfondo es menos gracioso: mide un desajuste estructural donde la formación femenina avanza más rápido que el mercado de candidatos equivalentes.
El embudo de las aplicaciones: el 10% de hombres se lleva el 60% de los «likes»
Aquí aparece el cálculo más repetido. En el análisis de plataformas de citas se recurre al principio de Pareto para describir una realidad incómoda: en torno al 10% de los hombres concentra el 60% de los «likes» de las mujeres. El corolario es que solo un 5% o 10% de perfiles masculinos resultan visibles, y el resto compite por migajas. Ese embudo funciona como causa y como efecto a la vez: cuanto más se estrecha la oferta percibida, más se agudiza el efecto escaparate y más se concentran las interacciones.
Hipergamia: cuando el estatus marca el filtro de pareja
El argumento más repetido sostiene que la mujer busca, de media, a alguien superior en recursos o estatus, de modo que a más nivel propio, menos candidatos válidos quedan. Hay quien lo presenta como biología inmutable y quien lo rebaja a puro cálculo económico: si ella gana mil, él tiene que ganar dos mil; si ella es cajera, él supervisor. En contra pesa el hecho de que el grueso de las parejas se forma fuera de esos baremos, y el propio dato de partida —más tituladas que titulados— ya obliga a que muchos emparejamientos rompan esa regla o no existan.
El malestar con el relato y el desvío hacia los tópicos
Otra parte del descontento no se dirige al desajuste educativo sino al tono del artículo, al que se acusa de colocar a los hombres un escalón por debajo. Y una fracción del enfado deriva hacia tópicos sobre la población migrante que no tienen ninguna relación con los datos del estudio. Ese desvío no explica el embudo: lo tapa.
El dato que descoloca no es que falten títulos, sino que sobren relatos que se contradicen entre sí. Si la formación femenina sigue superando a la masculina y el listón no se mueve, ¿qué parte del desajuste es económica, qué parte es cultural y qué parte es, sencillamente, que nadie sabe qué se supone que debe hacer el que se queda fuera?