Blasterismo: jugar con chetos y acabar preguntándose por qué
¿Qué pasa cuando alguien decide que la interacción social es una partida amañada y que lo único sensato es usar el código de trucos? El blasterismo, la corriente que se vende como “jugar la partida con chetos”, lleva ese planteamiento hasta sus últimas consecuencias: asumir que la sociedad premia al que no se cree el mundo que le han contado y actúa en consecuencia. Sus seguidores lo resumen en un mantra: “Blasterismo es ley”.
La doctrina del atajo
La idea no es nueva: si el sistema está trucado, te trucas tú. Es el mito de Matrix aplicado a las relaciones: la mayoría vive atrapada en “los inventos mentales de la masa”, y quien ve la película completa deja de tomarse en serio el guion. El problema aparece cuando el “cheat” se convierte en un modo de vida. Los defensores sostienen que basta una personalidad fuerte y confianza para que el atajo funcione; los detractores responden que el resultado práctico es un individuo aislado, incapaz de conectar y cada vez más despreciativo con quien sí juega sin trampas.
Sin datos, solo anécdotas
La discusión se mueve enteramente en el terreno de la experiencia personal. Unas historias hablan de oportunidades fallidas a los 22 años; otras, de un supuesto despertar que llega a los 34. No hay cifras, no hay encuesta: hay identidad. Y una contradicción incómoda: si la ventaja funciona tan bien, ¿por qué sus valedores necesitan repetir el eslogan cada día?
Quizá el verdadero cheat, como apunta la réplica más afilada, sea la edad: unos la alargan, otros la niegan. La partida, mientras tanto, sigue su curso.