Ceuta evidencia un estado que solo funciona para cobrar impuestos
La crisis migratoria en Ceuta ha abierto un melón incómodo: el Estado español, que presume de ser uno de los más descentralizados del sur de Europa, se ha quedado sin respuesta ante una presión migratoria puntual. Mientras las imágenes de personas llegando a la ciudad autónoma daban la vuelta al mundo, una realidad incómoda se coló en el debate: lo único que sigue funcionando con precisión suiza es Hacienda. El argumento se repite en los análisis económicos: autónomos, pymes y asalariados cumplen, y el fisco recauda. El resto del Estado, dicen, está “a por uvas”.
El fisco como único servicio público
La queja no es nueva, pero adquiere otra dimensión cuando se compara la gestión de la Agencia Tributaria con la de otros departamentos. Mientras Hacienda persigue a autónomos y pymes, los contribuyentes ven cómo DANAs, incendios o volcanes desbordan al Estado. Hay quien sostiene que la recaudación se ha convertido en el único aparato que no falla, y que se aplica sobre las espaldas de las clases productivas, incluidos los propietarios patrimoniales.
El espejo británico
La comparación con Reino Unido planea sobre el debate: allí la tasa de paro ronda el 3%, con sueldos medios de 3.000 a 5.000 euros mensuales. Las protestas contra la inmigración ilegal son diarias en Liverpool y Newcastle, un síntoma de que la sociedad civil se moviliza. En España, el problema migratorio se gestiona con silencio y ninguna protesta similar.
Esta vez, el dato que descoloca es otro: pese al desplome de la confianza en las instituciones, la recaudación fiscal sigue marcando récords. El Estado fallido, al parecer, funciona muy bien cuando se trata de cobrar.