Ceuta: seis fechas marcadas y ni una orden clara en la valla
Ceuta vuelve al calendario con una ristra de fechas subrayadas. Ninguna, por ahora, con un plan confirmado que las respalde. Según la advertencia que se atribuye al coronel Baños, se estaría preparando una oleada «enorme» de personas subsaharianas hacia la ciudad autónoma. El pronóstico no viaja solo: coincide con alertas de una empresa tecnológica y con llamamientos repartidos por redes sociales. En paralelo, la vigilancia del paso fronterizo se ha ido recortando.
Las fechas que se están manejando
El rastro es prolijo. La firma Golden Owl, que según estas informaciones anticipó la anterior entrada en Ceuta, señaló los días 2, 3 y 8 de septiembre para posibles nuevos asaltos en Melilla y Canarias. Seguridad Nacional marcó otras dos jornadas, 15 y 23 de septiembre, como ventanas de posibles acciones hostiles desde Jovenlandia. Para el 20 de septiembre se difundió por redes un llamamiento a una «marcha popular» para «liberar Ceuta». Y el 23 vuelve a aparecer: el grupo Gen212, con más de 90.000 seguidores, llamó a una nueva entrada coincidiendo con las elecciones jovenlandés, en un mensaje que una red de la Generación Z hizo llegar a 100.000 cuentas.
El aviso del CENIF y el Gobierno que lo rebaja
El CENIF envió a otros cinco organismos un aviso, fechado el día 29, sobre el «riesgo extremo» de entradas en Ceuta. En el asunto del correo figuraban las palabras «urgente» y «remisión inmediata». Pese a ello, según las informaciones publicadas, el presidente restó importancia a esa alerta en el Congreso. Mandos policiales avisan de que siguen sin una «orden clara» sobre cómo actuar ante un nuevo asalto. Y el Ejecutivo, por las mismas fuentes, no tiene un plan específico. La única cifra conocida en esa dirección va en sentido contrario al riesgo: el puesto fronterizo pasó de 12 a 8 policías tras la última entrada. El presidente viajará además a Nueva York justo en esas jornadas.
Por qué esto es, también, un asunto económico
Una frontera bajo presión no cuesta solo en orden público. La ciudad depende del comercio del paso, del trasiego diario de personas y mercancías y de un turismo frágil que se enfría con cada alarma. Cada llamamiento viral golpea esa economía y añade carga sobre unos servicios públicos ya tensionados. Recortar efectivos, además, traslada el problema al día siguiente: si hay que reforzar a contrarreloj, sale más tarde y más caro.
Está también la dimensión diplomática. Una parte del análisis interpreta la presión migratoria como herramienta de negociación de Rabat. Otra corriente sostiene lo contrario: que el temor se sobredimensiona como arma política interna y que el relato del aviso sirve para justificar respuestas de fuerza. Las dos hipótesis no son excluyentes y ninguna puede darse por probada con lo que hay sobre la mesa.
Lo verificable es la secuencia: primero se avisa, después se rebaja la alarma y de paso se recorta la vigilancia. Si las fechas pasan en blanco, habrá que preguntarse para qué tanto aviso; si alguna se cumple, la pregunta será más incómoda: por qué la valla tenía menos policías que antes del susto anterior.