Detenido colombiano por acuchillar a su compañero de piso en Las Rozas
El detenido es colombiano, la víctima su compañero de piso, y el debate ya no va de lo que ocurrió, sino del pasaporte. La detención de un hombre de origen colombiano como presunto autor de un apuñalamiento contra su compañero de vivienda en Las Rozas (Madrid) ha reactivado un reflejo que se repite cada vez que un extranjero aparece en un suceso violento: la receta identitaria se sirve antes que la investigación judicial.
El patrón no es nuevo. El caso de Las Rozas ha hecho aflorar de nuevo comentarios que generalizan sobre colectivos enteros a partir de un individuo. Los datos, sin embargo, no han sostenido nunca esa ecuación. La criminología tiende a explicar la violencia por factores socioeconómicos y de contexto, no por nacionalidades. Pero el ruido juega en otra liga.
La comparación con el reciente suceso de Manresa, donde otro apuñalamiento derivó en una oleada de retórica similar, evidencia una tendencia incómoda: cuando el sospechoso es extranjero, el foco se desplaza de la seguridad al origen. El resultado es que la discusión se contamina y se pierde el objeto real, que es el esclarecimiento de los hechos y la protección de la víctima.
El detenido permanece a la espera de las diligencias judiciales, con presunción de inocencia y sin que haya recaído sentencia. Mientras la instrucción avanza, el cuchillo es el único que ha hablado con claridad. Probablemente el debate seguirá alimentándose de tópicos durante unos días, aunque convendría esperar a que los tribunales pongan los puntos sobre las íes. La realidad, como casi siempre, es más compleja que el titular.